En el recuerdo... Martes Santo

En este lluvioso día, echamos la vista atrás para recordar el pasado Martes Santo.

MARTES SANTO: ¡¿A Quién Buscáis?!


Es Martes Santo, los “Armaos” ya buscan al Nazareno. Antes del mediodía está todo listo: las flores clavadas, la mesa puesta, los olivos plantados. La hora llega y el escenario se ilumina ante la atestada plaza. El alcalde toma la palabra, por unanimidad, el ayuntamiento otorga la máxima distinción a nuestra JHP centenaria: el Escudo de Oro de la Ciudad.

Suenan los clarines:
- ¡Pueblo de Cieza, acude a la llamada!

- ¡Es la Convocatoria, es la convocatoria!

- ¡Pueblo de Jerusalén, acude al Prendimiento de Jesús, el Nazareno!

- Silencio, escuchad, silencio, silencio…

Jesús, a hombros de los hijos de María, parte el pan y el vino, lava los pies a sus apóstoles y anuncia la traición. Caminan a Getsemaní, funestos presagios da Cristo quien, momentos después, suda sangre mientras un ángel le conforta bajo un olivo, mientras sus amigos duermen. “Aquel a quien yo besare, ese es, prendedlo.” Con un beso, Judas traiciona al Hijo del Hombre y Jesús, lejos de resistirse da una lección de misericordia a Pedro y, sabiendo que llegó la hora, espera paciente al tropel que con antorchas y palos viene a prenderlo. Retumban los tambores en la Hoz y los “Armaos” aparecen tras un destello formados frente a la fachada de la Asunción.

- Salió Jesús a su encuentro y le dijo:
- ¿A Quién Buscáis?
- A Jesús, el Nazareno.
- Yo soy.

Un redoble prolongado, se apagan las luces y el trono del Nazareno ilumina el arco al tiempo que los armaos caen de rodillas ante el Cristo.

- ¿A quién buscáis?
- A Jesús, el Nazareno.
- Ya os he dicho que soy yo. (Otra reverencia)
- ¿Para qué lo queréis?
- Para prenderlo.
- Aquí me tenéis, haced de mí lo que queráis.

Después del apasionado sermón de d. Antonio Muñoz y la tan afamada escena final, Jesús Nazareno sale escoltado y maniatado por los armaos hacia la calle del Cid. Es la hora de dejar la cámara y coger la túnica morada de andero del Nazareno. Una vez ataviado, a toda prisa bajo hasta el rincón de los pinos donde mi padre me espera con el resto del relevo, mi primer relevo.

Hay que ser andero para entender lo que se siente. El trono es un ser vivo cuya voluntad es difícil cambiar. SI no quiere coger el paso, habrá que pararlo y cogerlo bien, si se balancea hacia un costado, solo un titánico esfuerzo de las varas y su cabo podrán enderezarlo. Un reparto bueno de alturas es imprescindible para mitigar el peso del trono y el daño que este puede infligir a tus hombros y espalda. Mientras vas avanzando, te das cuenta de que casi nadie percibe que los anderos o incluso el trono están ahí, se funden en una imagen borrosa sobre la cual camina el Nazareno. El momento más grande de la noche llegó cuando hubo que pasar la tensión de la calle de la hoz y el paso ligero de la entrada a la plaza. Suena hermanos costaleros y el Nazareno entra en la Basílica con la cabeza gacha, prendido hacia el sanedrín.

Comentarios

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *