Morenita y Pequeñita

Hoy vengo a contaros una historia, la crónica de un fin de semana dedicado a nuestra Madre, María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Cabeza, una devoción originaria de Andujar (Jaen) que suma ya 400 años en la capital murciana y que ha sido recuperada hace apenas unos pocos años gracias a la Cofradía Sacramental que se ha erigido bajo su amparo.

Comienza esta historia hace unos meses, una noche del mes de julio en que recibí el último mensaje que me esperaba: mi buen amigo y compañero cofrade Joaquín Bernal me pedía que compusiera una marcha de procesión, una marcha de gloria en concreto, concepto que no estaba en mi vocabulario hasta ese momento. Con mi corta experiencia y siguiendo sus indicaciones, finalmente, terminé esta nueva obra, que ha presidido nuestras conversaciones desde entonces.

Llegó la hora señalada, llegó el momento, este fin de semana del 13 al 15 de noviembre 2015 se celebraban los cultos en honor a la Virgen de la Cabeza. El viernes, durante la Misa Mayor, tendría que hacer entrega de las partituras. Esa tarde llegué a Murcia y asistí a la solemne Eucaristía. El coro que actuó en ella lo hizo magistralmente, culminando en la acción de gracias con el canto del Morenita y Pequeñita, himno de la Virgen de la Cabeza de Andujar. Fue tras esa bella música que me llegó el turno de hacer entrega de forma definitiva de las partituras de "Murcia a su Virgen de la Cabeza". Unas breves y algo torpes palabras pusieron fin a mi comparecencia, mas el viaje no había hecho si no comenzar. Una grata cena en el salón de la hermandad nos dio las fuerzas que las horas del día ya muy avanzado nos habían robado. Tras ella, llegó el momento de bajar a la Virgen del Altar Mayor de San Juan Bautista.

Debo detenerme ahora en la virginal imagen. Es una talla de vestir de unos 90cm de altura, 120 si sumamos la peana, obra del escultor Ramón Cuenca Santo de Cox. Suele ir envuelta en una ráfaga plateada. En su mano derecha porta un madroño, fruto típico de Sierra Morena; sobre la izquierda sostiene a su hijo, un hermoso Niño que mira enamorado a su Madre. En ese Niño estamos representados todos los que nos consideramos hijos de María, con nuestra mirada fija en la Madre, rezando, pidiendo, riendo, llorando, sufriendo, penando, descansando o, simplemente, contemplando. Y la Virgen, aunque sus bellísimos ojos, enmarcados por una dulce faz, estén mirando al cielo, sus oídos están pendientes de nuestras súplicas para transmitirlas con la mirada al Padre.

Desde el primer instante en que pisé suelo murciano, la cofradía me trató, no con la frialdad de un invitado honorífico, si no como a uno más de su pequeña familia, tanto es que me permitieron tomar en brazos a su Madre, para bajarla del altar, en un breve, devoto y discreto traslado. Al recordar ese bello momento me fallan los dedos que escriben y los ojos se me cristalizan en lágrimas de devoción.

A la mañana siguiente, sobre las diez, los pocos que nos acercamos a preparar la procesión saludamos con el ángelus a la Perla de San Juan. Tuve ocasión de ver el trabajo que supone, en primer lugar, vestir correctamente una imagen, algo en lo que mi anfitrión Joaquín es muy ducho, y en segundo, organizar todos los pormenores de una procesión. También me encontré esta mañana con una Virgen del insigne González Moreno, la Virgen de la Buena Estrella, algo bastante especial pues su rostro es muy similar al de mi Virgencica del Buen Suceso. Otro gran regalo para mi fue que el vestidor me ofreciera colocar mi cadena de la comunión en las manos del Divino Infante para que la portara esa tarde. 

El desfile transcurrió de manera impecable, la hermandad, aunque joven, sabe muy bien como guardar la compostura y el rigor que Nuestra Señora merece. Durante el mismo se estrenó la marcha que le dediqué a tan bella Mujer sin apenas conocerla. Por desgracia, no pude grabarla como se merece, aunque espero que pronto todos podamos disfrutarla.

A la procesión siguió una cena de similares características a la del día anterior, preludio de una larga noche de tertulia cofrade, de risas y emociones y de preparativos para el besamanos de la Virgen que tendría lugar al día siguiente. En ese refrigerio me regalaron un cuadro con la efigie de su Madre en agradecimiento por componer su primera marcha. Esa velada que duró hasta las tres de la madrugada quedará grabada en mi memoria y en mi corazón para siempre.

La mañana del domingo, apenas un rato me acerqué para despedirme de esa Virgen que me ha encandilado y de sus devotos hijos. Cuando uno se siente querido y esa agusto en un lugar no quiere irse, por eso, al despedirme por fin de ellos y de Ella, antes de salir del templo ya llovían sobre mi rostro lágrimas de nostalgia. Ya os las he dado mil veces y ahora una vez más, gracias a todos vosotros por la oportunidad que me habéis brindado, aunque sea mi trabajo, la música es mi deleite y me habéis recompensado con creces un trabajo que disfruté inmensamente realizando para vosotros. Aunque os parezca que he trabajado demasiado ayudándoos en lo que he podido, aunque fuera barrer una iglesia a las dos de la mañana, yo lo he hecho con toda mi alma, pues éste es el verdadero significado de la palabra "Hermandad", trabajar codo con codo para el Señor, su Madre y nuestros hermanos. Gracias, Joaquín, por presentarme a una familia tan hermosa.

"Yo no sé que tiene mi Virgencita de la Cabeza
Que de todas partes viene la gente sólo por verla,
Yo la contemplo, con aires de entusiasmo,
A esta Serrana que me tiene locamente enamorado."

Así dice una famosa canción a la Señora de Andujar y por ende a la de San Juan Bautista en Murcia. Puedo entenderla perfectamente. Creo que esa parroquia será de parada obligada cuando baje a la Capital del Segura. 

Terminaré, como no podía ser de otra forma, diciendo:

¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!


MORENITA Y PEQUEÑITA

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