Soledad Coronada

Sábado 21 de Mayo de 2016, el murciano barrio de San Antolín vuelve sus ojos hacia la parroquia donde reside la Madre de sus afectos para acompañarla en la víspera de su reafirmación como Reina suya que ya era y es. Tras la Santa Misa en la arciprestal sede de la cofradía del Perdón, la Virgen de la Soledad se asomó a su puerta cual moza casadera para ser rondada por peñas, tunas y cuadrillas. Bailes y cantes, guitarras, laudes y bandurrias, postizas y panderetas, todo para alegrar la cara de esa Señora que llora por ver su Hijo muerto cada Lunes Santo.

La noche pasó y llegó la mañana del Domingo, día en que Cristo vence a la Muerte coronando a su Madre como reina victoriosa, partícipe de la derrota del eterno enemigo. Domingo en que celebramos a Dios uno y Trino y a su Madre, Hija y Esposa como Templo y Sagrario Suyo. ¡Qué mejor día que el de la Santísima Trinidad para volver a proclamar a María Reina! Y más si es un domingo del mes de Mayo, consagrado a Ella.

A las 09:15h se ponía en marcha el cortejo: las distintas hermandades, con sus insignias y representantes, que componen la Real, Ilustre y Muy Noble Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón precedían a la de la Soledad, cuyas cofrades, vestidas de manolas acompañaban a las hermanas de la Casa Cuna de Sucina, madrinas de la Coronación, quienes llevaban con cariño la primorosa diadema que adornará sus sienes. Y, por fin, envuelta en incienso y flores, la imagen que tallara Sánchez Lozano, eclipsando al mismo sol salía de la iglesia para dirijirse al primer templo murciano. Ante la fachada del edificio más hermoso sobre esta tierra y a pesar del acuciante calor, Murcia entera se arracimaba aguardando el dichoso momento en que monseñor Lorca Planes la tocara de esplendor. Ese momento llegaría breves minutos antes de las 12h. En el preciso instante en que la diadema plateada reposó sobre su divina cabeza, la orquesta de la UCAM estalló en un único y musical grito con forma de Himno Nacional, acompañado por la pirotécnica percusión de los cohetes y las tracas. Sin embargo, esos magníficos sonidos no pudieron ocultar los vítores y gritos de júbilo que los murcianos proferían al ver a la cuarta imagen mariana de la ciudad ser coronada.

La multitudinaria eucaristía, acompañada por la Coral Discantus y la orquesta de la UCAM, que interpretaron obras de Mozart entre otros grandes compositores, finalizó entre aplausos fervorosos al son del Himno de la Señora de San Antolín, la cual partió, al son de Triunfal, de regreso a su morada en similar procesión a la que iniciaba la mañana. No se reuniría con su Hijo del Perdón sin antes recibir el agasajo murciano en forma de pétalos de rosa y sin visitar a la Cofradía del Cristo de la Esperanza y a la Hermandad de Fátima en los cohetáneos templos de San Pedro y el Pilar.

Una jornada, en definitiva, que quedará en el recuerdo de cuantos de ella participamos y quedará reflejada en los anales de la historia murciana como una mañana memorable.




SOLEDAD CORONADA

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