Una ciezana en China

Volvemos al blog para mostraros un reportaje que ya tiene un tiempo pero que aun, por circunstancias, no había visto la luz.  

Os pongo en situación: un fin de semana de octubre, allá por 2014 me dijeron que me acercara a la iglesia de la asunción y que me llevara la cámara, había algo que tenía que ver e inmortalizar. Un poco extrañado, cogí la máquina y fui al templo principal de la localidad. De ninguna forma me podía imaginar lo que allí me esperaba. 

Sentada en el altar mayor, en ese espacio en blanco que queda al otro lado del ambón, junto al retablo del Nazareno, se encontraba una imagen de María como difícilmente se volverá a ver en ese emplazamiento. Una imagen de la Virgen sentada en su trono, en actitud mayestática, con la frialdad y el refinamiento de la nobleza pero con la ternura de la Madre en su gesto serio. Sobre sus rodillas, el Niño estaba de pié, humanizando a la divina madre, abrazándola por el cuello mientras miraba a los fieles que, asombrados, pasaban ante la celestial pareja.

Creo que aun no he dicho qué tenía de especial la imagen para que todos nos quedáramos boquiabiertos. Es curioso que, aunque haya pasado un tiempo, ya casi no nos acordemos de esto, dado que estuvo corriendo de boca en boca durante una temporada. Esa tarde se había expuesto al culto la imagen de Santa María, Emperatriz de la China, obra de nuestro compatriota Antonio Jesús Yuste Navarro para la Catedral de Shanghai.

No hablaré, como otras veces, largo y tendido de la obra, ni de sus connotaciones, ni de nada más, pues las fotografías hablan por si solas. Sólo diré: "Los caminos del Señor son inescrutables".



SANTA MARÍA, EMPERATRIZ DE LA CHINA

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