CUARESMA 2017: Del vestidor y sus funciones

Hoy nos escribe un buen amigo mío, estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, nazareno y vestidor de imágenes, Joaquín Bernal Ganga, y nos trae un tema que ha sido poco tratado en estas latitudes:

DEL VESTIDOR Y SUS FUNCIONES

A D. José Garduño, maestro de maestros
“Alfileres, encajes, sayas, mantos… Nada puede faltar a la hora de ataviar a la Madre, las camareras ya le han colocado las enaguas, la magia comienza a desbordarse en la sala en la que vestimos a la Señora.”
Así podríamos definir el momento en el que las labores del vestidor comienzan a desarrollarse tras la acción de las camareras, pero… ¿Qué es una camarera? ¿Qué es un vestidor? Veámoslo.

CAMARERA: mujer que ayuda a vestir a la imagen de la Virgen. Su deber es facilitar el trabajo del vestidor y ayudarle en cuanto necesite; bien sea suministrándole al artista los alfileres, los encajes y demás complementos, o colaborando directamente en la disposición de los mismos, siempre coordinada con el vestidor. Su gran misión es velar y guardar el patrimonio de la talla.

VESTIDOR: Persona que tiene por misión vestir externamente el aderezo de una Dolorosa, componiendo el tocado o colocando la mantilla, y dando forma al manto y la toca de sobremanto si la posee, así como disponer sobre la talla las joyas y demás aderezos.

Como vemos, una camarera (o camarero) no es un vestidor. Las funciones propias del vestidor debemos entenderlas como un “completar la imagen”. La talla de vestir se conforma de un 50% creado por el autor y otro 50% que crea en cada atavío el vestidor, de manera que, en el caso de tener una talla de no suficiente calidad, un buen vestidor siempre puede sacarle más partido para poder realzar la imagen y dotarla de una mayor dignidad; mientras que, si la Cofradía posee una magnifica obra y un mal vestidor, la talla quedaría incompleta, incluso podríamos llegar a decir que degradada en su calidad artística.

Las cofradías y hermandades deben por tanto buscar a esa persona que consiga dotar a la talla de ese carácter de “obra total” que busca el escultor. Incluso desde los tiempos del maestro Salzillo, cuyo mayor ejemplo de esa obra total sería su Dolorosa de la Cofradía de Jesús, ya que deja escrito como debe incluso ataviarse a la imagen de la Virgen de los Dolores y su forma de procesionar, rodeada por sus ángeles.

Y no podemos pensar que todas las imágenes pueden ser vestidas de la misma forma ni con el mismo tipo de vestuario, dependerá en gran medida de las características estilísticas de cada una de ellas. En la Semana Santa Ciezana se dan dos grandes estilos:

  1. El clásico murciano: que se basa, en el caso de las dolorosas (Dolorosa y Soledad), como decíamos, en las premisas que establece Salzillo, y, en el caso de las gloriosas (Amor Hermoso y Buen Suceso Coronada) en el atuendo típico de las imágenes de gloria del s.XVIII;
  2. El andaluz (Estrella, Mayor Dolor, Caridad y Gracia y Esperanza), creado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda para la Macarena sobre el año 1908 y sobre todo imitado en los tocados y vestimentas de José Garduño para la misma hermandad.
Este último es, quizás, el más repetido en las tallas de la Virgen y que, en la gran mayoría de los casos, desvirtúa las tallas, ya que en el intento (Pues en eso queda, en un intento), sea por la complejidad que le supone al vestidor o simplemente por un “no saber” cómo desarrollar las labores del vestir, no se lleva a cabo correctamente.

En el caso de las santas de vestir (Salomé, Cleofás y Magdalena) la vestimenta es más libre, sin un estilo propio, es decir, se pueden colocar mantos y sayas sin unas reglas ya escritas, ya que no responden a la misma iconografía de las imágenes de María.

Así mismo, me gustaría destacar que no debemos quedarnos con el “Esto se ha hecho siempre así”, “Esto no es Sevilla” y demás frases del diccionario nazareno que han dejado a tan buenos proyectos en el tintero, ya sea en cuanto a imaginería, orfebrería, bordados y sobre todo en el vestir, ya que si tanto empeño ponemos en nuestra procesión… ¿Por qué no ponerle el mismo empeño a nuestras imágenes tanto en la calle como en nuestras sedes?

Sirva este pequeño artículo para “llamar la atención” en defensa del patrimonio, ya que el vestir una imagen es un arte, y no vestirla adecuadamente es dejar una obra de arte totalmente incompleta.

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