A 100 días, a 10 tan solo

Cada vez que la iglesia se viste de morado nos invita a convertirnos, a preparar nuestra alma para recibir una gran alegría, para recibir a nuestro Señor, en Adviento para celebrar su nacimiento a este mundo, en Cuaresma, su renacer a la Vida Eterna y, junto con Él, todos nosotros. Cuando el morado tiñe los altares, es tiempo de mirar adelante, pero también de mirar atrás y evaluar todo lo vivido. Y ahora, en adviento, al final de este año, los cofrades miramos atrás, haciendo un resumen de todo lo que hemos vivido en este año 2017.

Lejano se antoja ahora febrero, aquel 11 de febrero que nos traía Remembranzas de un pasado perdido en la memoria, reuniendo de nuevo ante los fieles de la Asunción a dos de los más antiguos moradores de la Basílica: El Nazareno y la Soledad. Comenzaba para nosotros un año intenso; un año en que la Cuaresma nos traería sones musicales de muy distinta índole, en que la Soledad volvía a hacer entrada en la Iglesia, ataviada con nuevos y suntuosos ropajes, para velar al hijo que desde hace décadas la acompaña en el sepulcro de su capilla y San Pedro por última vez atravesaba el portón de San Juan Bosco, sin imaginar que unos meses después se mudaría de allí. Una cuaresma preludio de una Semana de Pasión para resarcirnos de aquella otra lluviosa que dejó al Cristo de la Sangre bajo las bóvedas eclesiales y a Jesús Nazareno prendido antes de tiempo. Y un año en que la Resurrección de Cristo se enmarco entre los melocotoneros en flor y los aromas primaverales de la Floración

Un año que quedará para la memoria como el año de los viajes, el año en que nuestra Patrona peregrinó a Caravaca, mostrándonos el Camino a la Cruz de Cristo. El año en que ella visitó a su homónima del Buen Suceso en Murcia y en Murcia reinó en una noche de Noviembre el Cristo del Consuelo. Un año en que nuestras imagenes viajaron y nosotros también, visitando en septiembre la Pasión en Jumilla y en Noviembre la Capital para disfrutar junto con España entera de lo mejor de toda la Región en la #MagnaMurcia.

Y un año que, al fin del mismo, ya entrados en el adviento, la Basílica revivió aquellos años ya olvidados en que sus muros reflejaban los roncos ecos de los tambores de los Armaos que llegaban a prender a Jesús Nazareno, increpados por la voz de d.Antonio Salas, anticipando así lo que el nuevo año nos ha de deparar, el 325 aniversario de nuestra cofradía más antigua.

Aun nos queda besar las manos de la Esperanza, dándole ánimos a nuestra Madre, la llena de Gracia, por el duro trance que ha de sobrevenirle en 10 días, el parto que más merece la expresión de "Dar a luz", pues de su vientre ha de nacer la Luz del Mundo, una luz que, dentro de 100 días se entregará para nuestra Salvación. Preparemos así nuestro corazón, reconsideremos nuestra vida, igual que recapitulamos cada acto cofrade, evaluándola y reconociéndonos imperfectos y necesitados de nuestro Señor, aquel que nos da la vida y nos enseña que el camino de la Vida es accesible para todos, sólo tenemos que hacernos pequeños, como Él se hizo pequeño, decirle Si a Dios y declararnos sus esclavos para que Él haga en nosotros, como en María, obras grandes y, por último, aceptar la Cruz y seguirle hasta donde nos quiera llevar, aunque ese camino pase por la muerte pues, si con Él morimos, viviremos con Él.

Con este artículo, Pensamientos de un Ciezano se despide de ustedes hasta el próximo año 2018, un año que vendrá cargado de nuevos proyectos y la continuación de los comenzados este año, como nuestro canal Redes Cofrades, en el cual estamos trabajando para ofrecerles un contenido mayor y de mejor calidad. Y todo ello, como siempre y desde el principio de este blog, por Cieza, desde Cieza y para Cieza.

Gracias por estar ahí y nos vemos en 2018.

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