CUARESMA 2018: Tres siglos y cuarto de historia

No podía faltar este año en Pensamientos de un Ciezano una entrada dedicada a la efeméride de este año. La Semana Santa de Cieza este año se viste de color negro y morado, los colores del luto y la penitencia, los colores que definen a la cofradía más antigua de las existentes en nuestra localidad, sin la cual no existiría nuestra Semana Mayor tal y cómo la conocemos. Celebramos el 325 aniversario fundacional de la Real Cofradía de Jesús -Nazareno-.

Aunque la cofradía se funde en 1692, tal como recoge un acta notarial de dicho año, de las imágenes del Nazareno y la Soledad ya tenemos referencias cerca de medio siglo anteriores, pues estas llegarían a Cieza en el seno de la antiquísima y extinta cofradía de la Sangre. Según el historiador ciezano, Alfredo Marín Cano, esta separación se debe tanto al anhelo de la hidalguía local de desligarse de una cofradía como la de la Sangre, integrada por trabajadores mayoritariamente, como a las disensiones entre la vieja y la nueva nobleza, inscribiéndose unos en la del Nazareno y otros en la de la Soledad. Así se denotaba en su disposición en la Iglesia, quedando ambas imágenes en capillas separadas.

A principios del s.XVIII, el panorama cofrade en Cieza será un reflejo de la división social de la época, aglutinándose la aristocracia local en torno a la Cofradía de la Soledad mientras que la de Jesús Nazareno, como ya lo fuera con anterioridad la Cofradía de la Sangre estaría integrada mayoritariamente por el Pueblo Llano. erigiéndose así en su principal heredera. De esta forma, la cofradía del Nazareno conservaría la primitiva imagen del Cristo mientras que la de la Soledad, establecida definitivamente en 1730, encargaría en 1749 una nueva imagen de María Santísima a Francisco Salzillo, con la que desfilarían, además de la noche de Viernes Santo, la mañana de ese día, acompañando a su hijo camino del Calvario y la noche de Jueves Santo en la Procesión General. 

Ambas cofradías, Nazareno y Soledad, son el gérmen de nuestra Semana Santa. El Nazareno, pocos años después de su fundación, se hará cargo del paso del Santo Sepulcro, añadiendo durante el siglo XIX distintos pasos icónicos de nuestras procesiones (La Oración del Huerto, la Flagelación y Jesús Resucitado). En torno a esta hermandad surgen también los populares Armaos, llamados originalmente "Hermandad de la Convocatoria de Jesús" por ser ellos quienes, los días y las horas previas a las procesiones, convocavan con sus pasacalles al pueblo a las mismas. También la Soledad pues, debido a la crisis deribada de la guerra de independencia a principios de este siglo, dejará de procesionar en las procesiones General y del Penitente, llegando así para sustituirla la imagen de la Dolorosa, atribuida a Roque López.

Merece en este texto un apartado propio "el Prendimiento", piedra angular de la relación entre Romanos y el Nazareno. Curiosamente, el primer testimonio escrito del popular acto sitúa el Prendimiento en el Convento de San Joaquín, no pudiendo determinarse si esto se debió a un hecho extraordinario o si originalmente se realizaba allí y con posterioridad se trasladaría a la Parroquial de la Asunción o a la Plaza Mayor, donde el resto de escritos posteriores lo sitúan. El acto en sí constaba de tres partes, tal y como se vino haciendo hasta su remodelación en el año 1996. Comenzaba con el Sermón del predicador, seguido del momento en que los Armaos irrumpirían en la iglesia para, tras la famosa conversación entre el sacerdote (encarnando a Cristo) y el jefe del tercio, llevarse a paso ordinario a Jesús Prendido por las calles de la carrera. Esta última parte cambiará cuando, en el pasado s.XX, se añaden nuevas imágenes a la procesión.

El siglo XX y sus inestable panorama político supone un duro periodo para las cofradías, que atravesarán por las mismas crisis que la Nación, culminando todo en el fatídico agosto de 1936 en que el leño venerado como Jesús Nazareno, junto a tantas otras efígies, ardiera para siempre. Estos años de guerra supuso la muerte de la Semana Santa, que resurgirá al mismo finalizar el conflicto, comenzando a recuperarse el patrimonio y las tradiciones. Así, en 1942, la que fuera la Cofradía más numerosa y popular, se disgrega en 3: la propia Cofradía de Jesús, que encargará la reconstrucción de su titular al valenciano Ignacio Pinazo para ese mismo año, la de la Oración del Huerto, cuyo gérmen ya encontramos unos años antes, y la de Jesús Resucitado. 

Ya en las últimas décadas, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno se ha mantenido como nexo de unión entre la Semana Santa pasada y la presente, en la diferencia del color de las túnicas, vestigio de un régimen social en que la separación por clases estaba más que delimitada y en la conservación de tradiciones tan ciezanas como el Prendimiento y apostar musicalmente por la corneta, algo cada vez más en desuso en nuestra Cieza, cuando siempre fue un sonido fundamental de nuestra Pasión. No obstante, también ha aportado grandes imprescindibles de nuestra Semana Santa. La serenidad en la noche del luto y la fe firme en la Resurrección de la mañana del Domingo que transluce María Salomé, encaramada al rosal que le tallara el maestro Carrillo por trono y acompañada de los alegres sones de su ciezanísimo pasodoble del maestro Gómez Villa. Y ya en los últimos años, la barroca expresión de Dolor y Resignación de Jesús Coronado de Espinas, que completa el relato pasional de la Procesión General.

Siglos de historia, de una Hermandad, de una Semana Santa, de un Pueblo que vive por y para esta celebración. Tradición perpetuada a lo largo de los años y novedad dentro de la murciana estética pasional de Cieza. Eso es lo que recordamos y ensalzamos al celebrar en este año el 325 aniversario de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno

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