Momentos de la Pasión: La Gloria

¡Por fín ha comenzado! ¡Por fin ha regresado! ¡El reloj por fín se ha parado! Es Viernes de Dolores y no podemos estar si no felices. Hasta la lluvia y el viento quieren ver a nuestra Dolorosa en la calle. Y el frío arropar al Cristo de la Misericordia. Hoy, Viernes de Dolores, comienza este diario de Momentos de Pasión, diario que se cerrará con las puertas de la Ermita de San Bartolomé al mediodía del Domingo de Pascua. Pero ese domingo aún se ve muy lejano, aún queda mucho camino por recorrer, muchos momentos por vivir.

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He llorado. Si, he llorado. De nuevo María, nuestra Madre, Lucero que anuncia el día y Estrella de la Tarde. Maria, Madre, a quien los niños acompañan. De nuevo los niños. Cuánto hemos de aprender de ellos,  pues, quien no se haga como uno de ellos, no entrará en el Reino de los Cielos. Y hay que saber llorar, como ese niño vestido de monaguillo, incensando al Medinacelli en su ultimo y breve trayecto, el justo para cerrar su camino y despedirse de su Madre. No se por qué lloraría el niño, pero si se por qué lloraba yo. El Camino de Jesús de Medinacelli se acaba, la cuaresma que me ha hecho volver a enamorarme de la semana santa ha terminado. Pero mas que eso, he compartido las lágrimas de la Dolorosa al despedirse de su Hijo. Qué se dirán cada Viernes de Dolores en esa eterna y atemporal despedida. No se las palabras exactas, pero se que me han hecho partícipe de ellas, llorando con Maria, como un niño que busca asustado a su madre. Y aún sigo llorando mientras repaso todo este día y rezo abrazado al leño de la Misericordia. Y qué agusto se llora abrazado al Padre y cogido de la mano de la Madre.

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Esta noche hemos rezado el rosario con la Cofradía de la Caridad, que nos ha mostrado los misterios dolorosos por las calles de Murcia. De repente, entre las nubes movidas por el fuerte viento, la luna, uña cada vez más completa, se ha asomado para que Jesús, agonizante ya esta noche en Getsemaní, la contemplara entre el Romea y Santo Domingo. Que bella estampa, y que conmovedora. Jesús, desmayado en brazos de un ángel, mira a la luna con su luz reflejada y saca de ella fuerzas para afrontar su calvario. Que al contemplar éstos días la luna, sepa yo también encontrar fuerzas para resistir el duro ritmo de esta Bendita Locura, una Semana que ya ha comenzado, pues ya pasan de las 12 y, oficialmente, ya es Domingo de Ramos.

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Ya es Domingo de Ramos y no podemos ser si no felices. Llevo toda la mañana silvando "el Ángel Triunfante", desde que me he levantado y he visto el sol Radiante, el Sol de cada Domingo de Ramos. Sin embargo, aunque no me termine de convencer ver a la Burrica a paso lento en la Calle San Pedro, en ese penúltimo rincón de la procesión donde el cortejo se despoja de filas y nazarenos de todas las cofradías y hermandades esperan para disfrutar del alegre paso de Jesús entrando Triunfante en la Jerusalén Ciezana, he de confesar que algo se remueve en un recoveco de mi alma cada vez que suena Semana Santa Ciezana. ¡Qué acertado estuvo Gómez Villa! ¡Qué bien describió nuestra Semana Santa, que era también la suya! Tan bien la condensó en su marcha que esa obra queda bien con cualquiera de los Pasos y Procesiones. Si hasta parece que la marcha cambia cuando se interpreta en distinta calle, tras un paso distinto, en una porcesión distinta, pero nunca desentona. O bien Cieza se amolda a esa marcha, o bien esa Marcha está hecha a la justa medida de toda Cieza. Y, aunque no debiera sonar una sola composición lenta en la Mañana de Ramos, doy gracias a los Dormis por colocarla en la Calle San Pedro, al regreso de la Procesión de la Palma, pues me ha permitido darme cuenta de esta verdad: "Nunca podremos estar suficientemente agradecidos a don José Gómez Villa por Semana Santa Ciezana".


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Ser fotografo te permite vivir momentos inolvidables, colarte en los más inusuales y privados recovecos, capturar momentos inigualables. Pero, a veces, hay que detenerse y ver la Semana Santa como un procesionista de las aceras, dejar la cámara a un lado y disfrutar del momento sin la lente entre tu vista y la cofradía. Lunes Santo. Yo que te he menospreciado, dándote en mi corazón un valor inferior al que tienes, hoy me has enseñado esta valiosa lección. Me has ofrecido la Cruz de Doble Brazo, sabiendo lo que siento por esa marcha, me has recordado por que soy músico. La musica explica todo aquello que las palabras se ven incapaces de transmitir. Solo esa marcha, combinada por el paso retenido en el lugar de la siguiente estación, meciendo al Cristo de la Sangre como sólo un Ciezano sabe hacer, solo eso es capaz de explicar mis lágrimas apoyado en una pared de la calle cadenas ante el Cristo de la Sangre.




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Las carreras, eso es Semana Santa. Una carrera para preparar las cosas para retransmitir, otra carrera para llegar al Prendimiento, corriendo de nuevo porque no llegaba a la retransmisión, sin poder ver salir al Nazareno por ello. Corriendo ahora a dejar las cosas y poder pillar a la Cena antes de que entrara, corriendo a ver a mi hermano cargando con el Señor, a tiempo para echarle una foto, y corriendo por la calle empedrá para grabar al Prendimiento entrando. Y más carreras para pillar entrando a la Oración al son de su pasodoble "Los Dormis". Y, finalmente, corriendo para poder acompañar a mi Nazareno en sus últimos tramos. Eso es Semana Santa, querer estar en Misa y Repicando, grabando, echando fotos y cargando. Eso es Semana Santa, estar lo más vivo posible y no perderte ni un segundo de procesión. Por eso corro entre esquina y esquina, por eso voy corriendo de calle en calle, porque Semana Santa es la vida que pasa volando.

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Miércoles Santo es alegría, miércoles Santo es ciezania, jolgorio, tradición. Miércoles Santo es Solemnidad y Adoración, es rezar con Mater Mea y cantar con Antonio León. Miércoles Santo es el culmen del Ciezano procesionar. Es ver a los niños alegres sintiéndose anderos, algunos por vez primera. Es un río espumoso desbordándose por el paseo y una tranquila acequia verde regando las claras. Es el murmullo de las túnicas y el vaivén de las galas, es la sombra del judas iluminando la penumbra del campanario y la Luz del Alba, anticipada por la luna, acariciando su pico. Es esperar apoyado en una pared tu relevo mientras pasan las cofradías y correr para verlas a todas de esquina en esquina. Es el propio Cesar romano paseandose por la Calle de la Parra y la Dolorosa llorando a los pies de la cruz de su Hijo el Consuelo, a las puertas de la iglesia. Son las campanas de San Joaquín aclamando a su Señor, el Perdón. Es la Pasión y la Tradición, es la musica y el paso, es el terciopelo y el oro. Miércoles Santo es Semana Santa de Cieza en estado puro. Miércoles Santo es un niño, vestido de Magdalena ya con dos años y media lengua, preguntándole a su padre, que lo lleva en brazos, los nombres de cada uno de los santos, y el padre respondiéndole, empapandolo del veneno que a todos nos llena estos días, perpetuando nuestra tradición.

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Y con la luna, casi llena para la Pascua, dialogando con la Luna encarnada, Luna atravesada de Dolor, se cierra este largo Miercoles Santo y, con él, esta segunda parte de la Crónica de la Semana Santa de Cieza 2018. Ahora, cuando el sol se levante, será verdaderamente Jueves Santo, comenzará el Tríduo Pascual: Cénit, cúlmen y broche de esta Semana Bendita.

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