Momentos de la Pasión: El Consuelo

23 de abril. Todo es calma. Cieza parece que ya se recupera, que se adormece, hundiéndose de nuevo en su sueño anual. Para los insomnes impacientes e impertérritos cofrades, que no podemos si no pensar en lo que ya hace un mes que pasó y para lo que tendremos que esperar 356 días, este día es el alivio de nuestra tristeza, pues llega la hora de revivir la tradición más añeja de cuantas se mantienen en nuestra Cieza. Mañana es 24 de abril, una fecha que no pasa desapercibida, porque en ese día, lejos del mundanal ruido, ajenos a la espectación festera de Moros y Cristianos, nos refugiaremos en las naves basilicales de la Asunción y, en el sudario del Cristo, encontraremos el Consuelo. Mañana comienza el Novenario al Santo Cristo del Consuelo.
Mañana la iglesia se llenará como casi nunca se llena en día de semana, mañana rezaremos el rosario, recorreremos con nuestra Madre el camino de Salvación a través de los misterios. Mañana escucharemos al Cristo hablarnos desde la Cruz, en las meditaciones de cada día en la novena. Mañana cantaremos esos ancestrales sones, saludando a cada una de las Sacratísimas Llagas de todo el Divino Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Cantaremos a aquel que, con su poder soberano, aleja del Alma el duelo y nos gloriaremos en cantarle durante 9 días y uno más "Cristo Bendito, Gloria de Cieza." Mañana comienza el Novenario al Santísimo Cristo del Consuelo, Gloria del Pueblo Ciezano.

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Tantísimos recuerdos en esta época, en esta basilica, las penitencias que había que hacer para subir y bajar al Cristo del Camarín... Así comenzaba el predicador sus 9 homilías, su particular penitencia por y para el Santo Cristo.
Y es verdad, 24 de abril es siempre un día de recuerdos y reencuentros. De reencuentro con nuestro Cristo, con la iglesia, con la familia. Reencuentro con el coro, con las llagas, con la oración. Reencuentro con nuestra niñez y nuestra memoria. Y recuerdos. Recuerdo de las llagas, que parecían olvidadas y la mente milagrosamente nos las rescata para cantarlas al mirar a nuestro Cristo. Recuerdo de aquellos que un día cantaron junto a nosotros y hoy ya no están, ya no cantan en la tierra, si no que están acogidos en el camarín del cielo, prendidos como una puntada de oro al tonelete que viste nuestro Gloria de Cieza en los Cielos. Recuerdo del poder de convocatoria de nuestro Misterioso Imán. Recuerdo y manifestación del poder del Consuelo Dulce de nuestro corazón, que todo nos lo concede. El novenario es momento de reencontrarnos con nuestro Cristo Bendito y de guardar nuevos recuerdos para que, en nuestro camino hacia la santidad, nuestro Faro Luminoso nos guíe y acompañe siempre.

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Las novenas son para llorar. Para llorar rezando por aquellos que ya se fueron, recordando cuánto amaron (abiertamente o en silencio) al Santo Cristo. La viuda llora por su marido, que nunca lo dijo en voz alta, pero siempre sacaba un ratito para ir en secreto a la ermita a pedirle por sus hijos, por su trabajo, por su mujer... por tantas cosas. Los hijos por sus padres, que les enseñaron que, en Cieza, la Santidad es fácil de alcanzar, sólo hay que subir a la ermita (o ir a la iglesia) a hacerle una visita. Y la santidad, algo tan difícil de alcanzar sólos, nuestro Rey nos lo pone al alcance de la mano. Y también lloramos por nosotros, porque la vida se hace muy difícil y llegamos tristes a la iglesia, quejándonos de nuestro trabajo, de nuestros hermanos, de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestra familia... De tantas cosas que nos agobian. Sobre todo aquellos que vienen en silla de ruedas, o con dificultad, porque la vejez y la enfermedad casi les impiden llegar. Pero si el novenario es tiempo de llorar, cuando salimos las lágrimas ya no son necesarias. Por algo a Cristo en Cieza lo llamamos Consuelo.
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Olor a rosas en una tarde de abril. Aroma divino que inunda la calle san Pedro desde la puerta de la iglesia. Pues, como dice el poema, "Guardo una rosa, que es mi Consuelo, ¡Tu devoción!". Y es que ese olor a rosas, entremezclado con el perfume del incienso, que anega toda la iglesia, es la demostración mas eficaz de la devoción que Cieza tiene por su Cristo. Esas rosas, donadas por sus devotos, adornan el altar y perfuman el pueblo entero, como lo harán el próximo día de la cruz, cuando se desgranen como lágrimas sobre su sagrada Imagen. Desde que se abre la iglesia, atraídos por el perfume de las rosas que delata su presencia, los Ciezanos van acudiendo a rezar a su Cristo, algunos pasan a saludarlo y siguen sus quehaceres vespertinos, otros se quedan allí, guardando ya el sitio para escuchar los antiquísimos rezos del Novenario, que cuenta ya con más de dos siglos de historia. Siempre abril, siempre rosas, siempre Cieza.

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Quien difícil es venir todos los días junto a ti. El novenario se convierte en viacrucis. Son muchos nuestros quehaceres, nuestros deberes, que nos mantienen ocupados, robandonos la oportunidad de pasar junto a ti a cantarte, a rezarte, a adorarte, Rey de loa Corazones. También son muchas las tentaciones, la comodidad de dedicarnos a otras cosas más placenteras que ir a la iglesia. Pero nunca estas cosas pesan lo suficiente, pues nuestro alma no quiere más gloria que enterrarse en tu costado, que curar su humillación en la llaga de tu diestra y recuperar la corona de la vida de tu mano herida. Cuesta venir, pero Tu lo haces fácil, Santo Cristo del Consuelo.

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Decíamos el primer día que el novenario es momento de recordar. La novena es un rezo que se remonta a siglos atrás, a 1806 en concreto. Las llagas, los fervorosos cantos que saludan a las Sacratísimas Llagas del Consuelo y nos invitan a meditar en tus divinos dolores se crean en torno a 1880. Desde entonces, muchos son los devotos tuyos que te las han cantado, y muchos los nombres de los directores olvidados. Hoy quiero recordar dos nombres, dos almas que ya cantan tus Gozos junto a ti en el Camarín del Cielo, el uno, con su voz de bajo, canta vestido de elegante luto de viernes santo, la otra, vestida del rojo de tus toneletes, dirige con sus pequeñas manos a los cantores. Guardalos junto a tu Cruz, Señor, y haz que disfruten de las rosas de tu día, que sean para ellos, que siempre te las ofrendaron, en forma de cantos, en tu novenario.

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No hay fiesta ni distracción que pueda alejarnos de la iglesia en estos nueve días. El Cristo nos mueve, nos llama, nos atrae haciendo gala de su título de Misterioso Imán. Aunque hayan desfiles, momentos más lujosos y llamativos, el Ciezano necesita de su principal devoción, necesita venir a rezarle, a cantarle sus alegrías y contarle todas sus penas y agobios. Por eso, en estos últimos 9 días de estancia en la Basílica, no pueden ni quieren faltar a su cita, para demostrarle que, en gozos como en lamentos, de Cieza entera los pensamientos son para Él. Ya hemos pasado el ecuador de la novena, está cercana su partida y aguardamos ansiosos ese momento para cantarle su himno a voz en grito... Y para llorar ante la reja de su ermita, esperando un nuevo Domingo de Ramos.

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Estamos a 30 del cumplido abril, mañana entra mayo, florido y feliz. Así rezan los mayos a la Virgen de Cortes de Alcaraz. Ya estamos a día 30, abril, que tantísimas alegrías nos ha dado, se nos escapa como agua entre los dedos. Los misterios del rosario se van acabando, las llagas, desvaneciéndose, las predicaciones van tocando a su fin. Con abril, la novena se va terminando. Pero aún quedan los días más grandes, queda mañana, primero de mayo, día grande del novenario. Queda el besapies al Cristo, una vez sus llagas hayan dejado de sangrar y queda el Día de la Cruz. Poco a poco, se va acabando pero todavía no. Y, aun cuando se termine, llevaremos la novena en nosotros cada día del año, cada vez que, al contemplar a nuestro Santo Cristo, mediremos el dolor de sus llagas, pues no hay mayor verdad que aquel verso de sus gozos "el pueblo que por ti reza", porque Cieza reza por y para su Cristo del Consuelo.

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Hoy es el día de la Sagrada familia. Hoy empezamos el mes de Mayo, mes de María, madre del Señor, y lo comenzamos recordando a su casto esposo, San José, y lo hacemos reunidos en torno a la Cruz del Señor. Es más, hoy estamos los hijos, reunidos en torno al Padre, formando el cuerpo de nuestra Madre, la Iglesia. Y aún más allá, los Ciezanos somos hijos del Consuelo, y celebramos la Victoria de su Santa Cruz. Así, en este día de fiesta, nuestro Rey y Padre nos reúne en torno a su Cruz, como familia que somos, para despedirse de nosotros. El final de la novena esta cerca, y la iglesia rebosa de devotos hijos que buscan pasar todo el tiempo posible junto a su Cristo. Muchos no estarán mañana, para cerrar estos nueve días besando sus pies, otros no estarán el jueves, por circunstancias, ni podrán convertirse en pétalos de rosa lanzados sobre su rostro divino. Por eso hoy, que es fiesta, están aquí para demostrar que, como dice el poema que hoy se lee para abrir el mes de mayo, hemos recorrido toda su vega, campo y sierras cogiendo flores con ilusión, cada una de un paraje, cada flor distinta, tiernas o secas, fragantes o inodoras, bellas o discretas, silvestres o cultivadas. Porque ese poema no habla de una persona que recoge flores, sino que cada flor representa a un devoto del Santo Cristo y es Cieza entera quien se los ofrece como un ramo variado, mas uniforme porque ¡De Cieza entera los pensamientos son para Él!
Y otra cosa tenemos en común cada flor de ese ramo: todos guardamos una rosa, la flor del Día de la Cruz, la flor de su Día, una rosa que es nuestro consuelo: ¡Su devoción!


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Santo Cristo del Consuelo, vela por tu Cieza. El Santo Cristo nunca nos abandona, por eso, poned vuestra vida en sus llagas. Hoy es el día de las despedidas. Hoy es el día de despedirnos de las llagas hasta el proximo 24 de abril, hasta el próximo novenario. Hoy es día de despedirnos de nuestro Cristo, de aguantar hasta que nos echen de la iglesia para estar junto a Él, rezándole, contándole todo lo que nos aflige y nos llena de pesar y angustia; de aprovechar que está tan cercano para encontrar en su tierna mirada el Consuelo. Por eso hoy besamos sus pies, por eso la iglesia se llena hasta su máxima expresión, por eso cantamos a pleno pulmón, porque mañana se nos va el Cristo. Pero Él, como nos decía el predicador en la última de sus homilías, no nos abandona nunca. Pero no nos abandona porque los ciezanos somos las golondrinas del poema, no las de Bequer, si no las de José Lucas Conesa, las que llevan al cuello la medallica del Santo Cristo para emigrar. Y nosotros llevamos siempre su recuerdo en la mente y su devoción en el corazón, por eso el Consuelo nunca nos abandona, porque los Ciezanos tenemos la santidad al alcance de un beso: en la imagen de nuestro Santo Cristo del Consuelo.


BESAPIÉS SANTO CRISTO 2018

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"Tranquila, Mama, que cuando esté aquí el Cristo te avisamos." Así le decía una mujer a su Madre, anciana, postrada en su silla de ruedas, asomada a una esquina de la calle buitragos a ver pasar a su Santo Cristo. Y digo a ver con los ojos del alma, porque los de su cuerpo ya no ven. Y, aun así, allí está, pidiéndole al Señor que la deje salir a sentirlo pasar un año más. Ese es el fervor que tiene Cieza. Que hasta los ciegos ven al Santo Cristo. Esta mujer no es la única. Se cuentan por miles los ciezanos (presentes, ausentes o por adopción) que se arraciman en el recorrido para ver pasar a su Rey. Casi tantos ciezanos como pétalos de rosa recorren los cielos del tres de mayo para alfombrar el paso del Soberano de Cieza, para rozar sus sienes llevándole con su fragancia las oraciones que en ellos han depositado quienes los han lanzado. Esas oraciones acompañarán al Cristo a su retiro en la ermita, una ermita perfectamente situada: ni tan lejos que sea dificil llegar, ni tan cerca que esté dentro del mundanal ruido de la ciudad. Oraciones por cada uno, por las familias, para que se mantengan unidas, por los niños, para que aprendan a amarte como te aman sus padres, por los ancianos, para que les dejes estar allí y sentirte cercano, aunque sea sólo por la música de la banda. Y también por los enfermos y por aquellos que no han podido estar junto a ti en este día, por aquellos que han recibido esos pañuelos empapados anoche de la sangre de tus llagas y que, en esas reliquias populares, te sienten junto a ellos. Todos ellos, estando sin estar, han cantado junto a los que te acompañaban el Cristo Bendito, porque, para verte, no hace falta tener ojos, basta la mirada del alma.

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Un momento de oración ante el Cristo del Consuelo. En silencio para presentarle en el último momento de su procesión nuestras súplicas. Unos vivas magnificados por el eco de la ermita. Y lágrimas, muchas lágrimas. Ya estás en tu ermita, y ninguno queremos irnos, hemos deshojado entero tu trono, llevando con nosotros las flores, que guardaremos como recuerdo fragante de que hemos vivido junto a Ti un día de la Cruz más. Llegando a la ermita, no quería entrar, porque entrar en tu bello templo implica el final. Y, ahora que hemos entrado, no quiero irme y dejarte allí. Por eso hay lágrimas, porque tan bien se está junto al Señor que la partida parte el alma. Y volviendo a casa, todo recuerda a ti. Camino de Madrid, donde a voz en grito te hemos cantado tu himno y te hemos vitoreado, como Gloria de Cieza que eres; Calle Mesones, campanas del Convento que te saludaban como Rey de Nuestros Corazones que eres; Calle San Sebastian, Buitragos, Larga, Pinos y Parra, en sus estrecheces aun guardan aroma a pétalos de rosa que se aplastan en sus aceras, en el placentero olvido de quien ha cumplido su misión. Calle del Cid, por donde salías esta tarde, antesala de la Plaza Mayor y de la Iglesia, donde tánto te hemos rezado, cantado y llorado. Ya está, ya todo se acabó y sólo queda una cosa por decir: ¡VIVA EL SANTO CRISTO DEL CONSUELO!


DIA DE LA CRUZ 2018

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