Bendito Octubre

Septiembre ya se aleja. Ay, septiembre, que tantas penas y agobios nos has dado, y tantas alegrías. Septiembre, tan voluble y tan cambiante, has resultado ser también tan volátil como tus veraniegos predecesores. Parece que fue hace un momento aquella mañana en que llorábamos por no poder bajar en Romería con nuestra Madre y ahora los llantos de despedida a esa misma Divina Mujer que derramábamos ante su santuario se pierden en la memoria... y eso que no ha pasado más que una semana.

Pero Ella, nuestra Virgencica del Buen Suceso, que nos conoce y sabe lo que es bueno para nosotros, se va. Vuelve a su Santuario con la promesa de volver cuando otro verano acabe. Ahora nos trae el otoño, tan necesario para descansar del calor, y nos deja abiertas las puertas de Octubre, ese bello mes que nos hace añorar el florido marzo.

Llega Octubre ahora. Qué hermoso tiempo el de octubre. Su nombre ya hace resonar en nuestra mente la melodía añeja que tantas veces hemos oido entonar a nuestras abuelas, rescatada del sueño de la memoria. Sólo oir nombrar Octubre, nos parecer ver ya el rostro de nuestra Madre, sonriente aun entre las lágrimas. Ella, que es la Esperanza, nos espera en las mañanas de Domingo. Los que cada aurora acudimos a sus plantas, a caminar en la semipenumbra de las calles desiertas, a rezar cantando junto a María los misterios de nuestra fe, codificados en forma de camino de rosas, sabemos bien que ni el frio ni el cansancio podrán impedirnos participar en esa bella tradición. Octubre, mes del Rosario. En esas solitarias madrugadas de oraciones y plegarias, la Virgen de Gracia nos va recordando que para Ella la vida tampoco fue facil, desde el día en que Dios la escogió, haciendola pasar por la dura prueba de entregar a su Hijo.

Y ahí está la magia de octubre. Envuelto en rezos y avemarias, octubre es capaz de transmutar el otoño en primavera y convertir el gozoso Rosario de la Aurora en un doloroso Rosario de Pasión, cuyas cuentas serán de 18 colores, aglomerados bajo una vara. Octubre se convertirá por una tarde en Marzo, y nuestras calles volverán a perfumarse con ese olor a rosas, incienso, cera quemada y torta de pan dormido que impregna los grandes recuerdos de nuestra infancia. La Casa de los Santos abrirá sus puertas, acogiéndonos con los brazos abiertos. Y, al redoble de un tambor y el toque de una corneta, cuando salga a la calle el Estandarte de la Junta de Hermandades, la tarde de un sábado se convertirá en noche de Miércoles Santo, y todo volverá a empezar.

Ya en estos días, últimos de septiembre y primeros de octubre, el pueblo parece agitarse en su duermevela. Cieza se está despertando antes de tiempo y el reloj se queda sin cuerda antes de lo previsto. Quizás fue una túnica del color de la noche quien se ocupó de darle cuerda al reloj de la larga espera el pasado abril, y le dió unas pocas vueltas de menos. Porque la cuenta atrás, que marca aún 198, repentínamente está ya en 7. Cieza, como decía, está revolviéndose en su sueño, ligero de más, y ya da muestras de querer despertar. En la tintorería se ven rezagados terciopelos de colores, la casa de los santos, con las puertas abiertas tan sólo por una rendija, bulle en un ir y venir de varas, galas e imágenes, algún balcón ya deja ver tímidamente una colgadura, y en las panaderías ya amasan el dulce pan dormido de la Pascua. ¿Qué ocurre para tanto revuelo? ¿Qué pasa en una semana, que esperar ya no puedo?

Pues ocurre que octubre acoge la celebración de una gran efeméride. Celebramos este día 6 que, hace 325 años, los ciezanos querían más de su Semana Santa, y se unieron para fundar una cofradía que sigue siendo, aun hoy en día, una parte fundamental de nuestra procesiones, y el gérmen de la Semana Santa de Cieza tal y como hoy la concebimos. La Real Cofradía de Jesús, EL NAZARENO. Será en pos de sus enlutadas túnicas que a las siete de la tarde de ese sábado, Cieza pase de octubre a Marzo, de la tarde a la noche, de un sábado a Miércoles Santo, mientras vemos salir y pasear por nuestras calles a la Coronación de Espinas. Veremos caer la tarde en la Plaza Mayor, y el último rayo de sol se nos antojará como la primera luz de la Mañana de Viernes Santo, acariciando el dintel del pórtico de la Asunción para recibir al Señor, a Jesús Nazareno cargado con su Cruz, guardián impertérrito de nuestras raices cofrades. Y ya habrá caido la noche cuando el luminoso rosal de Carrillo se haga presente en la calle Cánovas del Castillo, mostrando a su más bella flor, a Santa María Salomé. Ella, con su serena y melancólica mirada nos hará revivir la seria y solemne noche del Santo Entierro, volveremos con ella a llorar por Jesús muerto. Pero también con ella reiremos y lloraremos cuando, a su regreso, vuelva a nuestra memoria la Mañana de Pascua y nos parezca escuchar como un eco en las añejas paredes del casco antiguo su pasodoble. Y entonces el luto se convertirá en danza, y el llanto pesaroso del entierro, se convertirá en Alegría de Resurrección y, al mismo tiempo, en lágrimas melancólicas que anuncien el final. Será ante la Puerta de la Iglesia donde nos reunamos para ver entrar, como antaño, a Nuestro Padre Jesús, con su Cruz, por la calle de la Hoz, recorriendo sus últimos metros de calvario. Y, ante su efigie, en silencio, nos maravillaremos de nuevo con la magia de nuestra Semana Santa.

No es la historia de una cofradía lo que celebramos. Es la historia de nuestra Semana Santa. Es la historia de nuestro Pueblo. Cuántos ciezanos no se habrán encomendado a su Divina Intercesión, cuántos no se habrán postrado ante su misericordiosa mirada, pidiéndole amparo y protección, rogándole apoyo y fuerzas en esos momentos en que nos faltan. Celebramos que gracias al Nazareno hoy tenemos Prendimiento... y Armaos que prendan a Jesús. Que gracias en última instancia a Él y su cofradía, hoy en la calle Cartas se levanta una casa que cada Martes Santo se convierte en Huerto de los Olivos para acoger a Cristo Orante y que cada Viernes Santo se transforma en Sepulcro para que Cristo duerma en su cama. Que gracias a la Cofradía de Jesús, a los de la Agonía los podemos llamar "los Azotes", porque fueron ellos los que antaño trajeron al Amarrado a nuestras procesiones. Y que gracias a ellos también, cada Domingo de Resurrección rendimos pleitesía a Cristo Resucitado en la Cortesía. No es sólo una hermandad, es el homenaje a aquellos que nos precedieron en nuestro afan procesionista. Por eso os digo, haciendo mias por enésimas vez las palabras de aquel pregón de sevilla. ¡Esperad, mis impacientes ciezanos, para tocar el cielo con las manos, nos falta solamente una semana!


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