Dichoso septiembre

Septiembre ha regresado, hiriendo de muerte al ya anciano verano. Agosto se fué cuando nuestro Patrón San Bartolomé entraba en su ermitica, y con él se iba nuestro descanso vacacional. Llega septiembre y volvemos a las rutinas y agobios diários. Estudio y trabajo, cuando la feria termina, vuelven a nuestra mente implacablemente. Pero septiembre, el tranquilo septiembre, sabe como conquistarnos. Septiembre sabe que se lleva el verano, pero a cambio nos trae unas temperaturas más suaves para calmarnos del calor abrasador del estío. Sabe que nos trae melancolía de lo vivido en el verano, y nos trae lluvia para acompañarnos en nuestro dulce pesar. Sabe que con él vuelve lo cotidiano del trabajo y del estudio, pero nos regala cada 8 de septiembre la promesa de que eso no es lo único importante.

Sin embargo, esa promesa este año parece traicionada. Septiembre, te esperábamos dulce y alegre, con el remanente del sol veraniego que iluminara el camino de la Atalaya, que reluciera perlando de brillos y coronando de luz la frente de nuestra Madre, cuando por fin las puertas del Santuario se abrieran y Ella saliera a nuestro encuentro. Pero tú decides traernos el agua de la lluvia, que tanta falta hace a nuestros sedientos campos precisamente este día. Aun así, nuestras esperanzas no se desvanecen hasta el último momento, a fin de cuentas, si Ella así lo quiere, saldrá. No es así. Tú, Septiembre, nos ofreces una ración de lluvia mayor de la que quisieramos, y nos impides cantarle a la Morena de Nuestra Copla, a la Tres Veces Guapa, a la que hizo Dios su Pregonera... Nos impides salir en romería por los caminos del monte, impides a San Bartolomé, pregonero de tu llegada, salir a recibirla a Ella, encabezando a todo su Pueblo. Nos impides bailarle, cantarle y ofrendarle pólvora y vivas por las calles. ¿Qué te hemos hecho, Septiembre?

Pero... ah, bendita sea tu dualidad, Septiembre. Si bien nos dejas sin tradición y fiesta, propiciaste un momento inimaginable de emoción junto a nuestra Madre. Lo anunciaban las campanas de la alta torre del Campanario, repicando en pleno, henchidas de júbilo, a eso de las cinco de la tarde. Sus broncíneas lenguas cantaban las alabanzas de nuestra Reina, convocando con ese pontente canto a los Ciezanos, súbditos suyos, a postrarse ante María, que ya aguardaba en el centro de la nave principal, a los pies de la escalinata del Altar Mayor.


De nuevo repican las campanas bajo la lluvia, anunciando que en breve comenzará la Sagrada Eucaristía. Son casi las ocho y, a pesar de la lluvia, el pueblo ciezano ocupa los bancos y sillas de la Basílica, sin apartar la mirada del centro del templo. Allí, bajo la cúpula central, se desarrola una escena nunca vista. Los anderos ocupan sus lugares en las varas, el celeste guión parece saludar a Jesús Sacramentado en su recién remozada capilla, la cruz y ciriales de la parroquia, envueltos en incienso, anuncian que comenzará ya la Procesión de Entrada a la Santa Misa y los sacerdotes, preparados tras la Virgen, indican sin lugar a dudas lo que está a punto de ocurrir. Todo era un acuerdi entre Septiembre y Ella. Ella estaba impaciente por volver a estar con nosotros. Después del año pasado, en que la acompañamos alegres por las cuestas caravaqueñas y las calles señoriales de Murcia. Estaba ansiosa porque desde Junio no hemos subido a celebrar la Misa a su Celestial Mansión. Así que pactó con Septiembre la lluvia y se reunió con nosotros dentro del Templo.


Así, envuelto en incienso, arropado por los acordes del órgano, los cantos fervorosos y las lágrimas emocionadas y devotas, el arco floral que cada año la engalana iba besando las paredes de las naves laterales, ofreciendo así su saludo a la Basílica, corazón espiritual del pueblo. Sólo los anderos ciezanos son capaces de llevarla con tanta delicadeza, el vaivén de las galas, acorde al del arco, besaba a sus devotos, arracimados en su derredor, cantando y llorando de emoción a su paso. Nuestra Estrella Radiante tiene ganados sus numerosos títulos, pero sobre todo aquel que acompaña a su nombre en el himno: "La del Cetro Maternal". Porque sólo a una Madre se le rinde tanto amor y sólo a una Reina tanta devoción. Por eso rompian a cada paso a aplaudir los ciezanos, y le llovían rosas al pasar bajo el balcón del coro, y por eso gritaban a pleno pulmón vivas cuando terminaba su recorrido, posándose junto al altar.

Oh, Septiembre, aunque a veces te despreciemos y no seamos capaces de aceptar tu llegada, sólo tú eres capaz de emocionarnos así, porque contigo siempre llega la Estrella Radiante de Esplendor, la Gloria de Nuestro Pueblo, la Soberana del Buen Suceso, Nuestra Reina, Nuestra Madre, Nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada.


REPORTAJE DE LOS ACTOS EN HONOR A LA
STMA. VIRGEN DEL BUEN SUCESO
SEPTIEMBRE 2018
VIRGEN DEL BUEN SUCESO 2018

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