Historia de una Nueva Cuaresma

Jueves de Dolores, jueves de Pasión: punto de inflexión en el calendario. Hoy los cofrades estamos tan ansiosos que apenas sé como resistimos la tensión de los nervios desvocados. Qué larga se ha hecho la cuenta atrás, y qué largo se ha hecho este año de espera. Hoy nos sentimos en una nueva Nochevieja pues, cuando el campanario de la Asunción de las campanadas que señalen el nuevo día, será Viernes de Dolores y comenzará un nuevo año cofrade, comenzará una nueva Semana Santa.

Ahora que son apenas unas horas lo que nos queda para que el reloj de nuestros sueños se pare y suene el despertador que nos llame a una nueva Semana de Pasión, hemos de mirar hacia atrás, a todo lo vivido, que no ha sido poco, y dar gracias a Dios por todo lo que nos ha regalado desde que la Virgen del Amor Hermoso se recogiera a la sombra de San Bartolomé, hace ya tanto tiempo...

Ahora, al recorrer de nuevo las calles del casco antiguo, los nuevos recuerdos que tu memoria ha guardado van aflorando. De nuevo es Miércoles de Ceniza y es de nuevo el Campanario quien marca el comienzo. Te paras y escuchas como tocan los cuartos, campanada a campanada va desgranando la hora, que no es otra que las 9 de la noche. Ahora ya no lo escuchas, pues los tambores no te dejan: es la Convocatoria, es la Tamborada que repite su impertérrito mensaje: Despierta, Cieza, despierta... Pero Cieza no necesitaba que la despertaran, ya estaba en duermevela desde que el Nazareno la sobresaltara en su letargo otoñal, y tanto se ha hecho de rogar la cuaresma, que su sueño se ha roto antes de tiempo. El mismo día 1 de Marzo, la fecha límite. Pues si antes de marzo los tambores no han despertado a Cieza, cuando marzo comienze, ella se despertará para postrarse ante los pies de Jesús de Medinacelli. 

Y el Convento desbordó devoción, aun no siendo época todavía. El Medinacelli se hizo cercano y volvió a bajar su mirada a los devotos que se acercaron. Qué no se dirán tantos y tantos ciezanos al dialogar en silencio con ese Cristo moreno. Tantas cosas se contarán en esa callada conversación que es mejor no hablar de ello y descubrirlo uno mismo al caminar junto a Él cada viernes, buscando encontrar la Cruz que cada uno ha de llevar para que sea Cristo, el Medinacelli quien nos ayude a soportarla. Cada viernes la misma historia, y a pesar de ser lo mismo, a pesar de lo sencillo y popular, no deja de ser nuevo y especial cada Via-Crucis. Esas mismas conversaciones que se entablaron al besarle los piés en el Convento se reanudan cuando sale a la calle arrastrado por su devoto río de gente. Y se comienzan otras nuevas, ya sea de aquel que, impedido por enfermedad o vejez, lo ve pasar entre lágrimas por su balcón; o de un niño a quien sus abuelos llevan por primera vez de la mano a perpetuar la tradición. Esa es la magia del Via-Crucis, la magia de las cosas sencillas, la magia de convertir lo Divino en cercano.

Pero no nos quedamos ahí, el procesionista ciezano busca cualquier instante para reencontrarse con su pasión. La iglesia dobla estos días su visitantes, buscando encontrar ya un trono preparado para salir. Y cuál no es tu sorpresa al entrar un sábado temprano por la tarde, buscando esa quietud de la basílica, y te encuentras al Nazareno con la luz encendida, la capilla llena de velas y delante al Señor de la Coronación, presto a celebrar su 10 aniversario, en un pequeño trono y con el pié al alcance de un beso. Y vuelves a escuchar una banda, tocando para que ese trono se meza con la elegancia que sólo los ciezanos sabemos imprimir. Y vuelves al día siguiente, pues algo te recelabas ya, y te encuentras al Señor del Silencio acostado, con la mirada vuelta hacia ti, llamándote a dialogar con Él, buscando tus ojos para recordarte la agonía que sufrió por ti. De repente, mientras tú estabas envelesado con esa silenciosa conversación, las luces se apagan y los hermanos de la Agonía vienen a buscar a su Padre para colocarlo en el trono que lo llevará hasta las calles de Cieza en un Jueves Santo cada vez más próximo. En adelante, cuando pases por su capilla, tendrás sentimientos encontrados: nostalgia de no poder rozar su piel, alegría y nervios por lo que ha de llegar, y miedo de que, antes de que te percates, ya se haya terminado.

Ya estamos a la mitad del tiempo cuaresmal, marzo tiene las horas contadas. Entre tanto, tú sigues buscando a cada momento esa bendita locura. Te pasas el tiempo entre conciertos, actos, marchas y besapiés. Te haces uno más en la multitud del Medinacelli y te conviertes en un beso más depositado en el costado de la Expiración, consagrado ya en Señor de Santa Clara, con el permiso del Consuelo, que reina sobre Cieza entera. Y pones ya tu vista en el día 30 y en las Monjas Claras, y aguardas cogido de la mano del ángel del Monumento al Nazareno a que el atrio desborde Esperanza y la Llena de Gracia te sonría de nuevo bajo el arco de la puerta. Y llega esa noche y las cuentas de un rosario que nos remite a octubre resplandecen en tus ojos al oscilar entre las manos de María, que sale al encuentro de su Hijo y de sus hijos, buscando un nuevo Jueves Santo para regalar a ambos.

Ya viste lo que pasó aquel día, mirando al cielo en las Clarisas, temeroso del agua que tanto bien hace a la huerta. Y ahora temes, ya entrado abril, que el portero del paraiso abra las compuertas de la lluvia y se quede sin salir, como ya se ha quedado el Medinacelli en su penúltimo día de reinado. Pero no, el apostólico príncipe es magnánimo y nos permitirá llorar con él de camino hacia Cieza y su Semana Santa. Y aunque sea capaz de hacer llover en la mañana de Pasión, San Pedro sabe que no hay nadie más terne que los "Armaos" y que si tienen que mojar sus plumas por ir a recoger su estandarte, lo harán sin miedo. Así, aunque la procesión no salga completa, si el sol luce, Cieza no se queda encerrada y va a honrar a sus difuntos encabezada por sus 18 estandartes. Y vuelves a llorar en las naves basilicales al escuchar entre las capillas las palabras de un nuevo Pregón. Un pregón que va calando en tu ser, despertando las sensaciones compartidas por todos los cofrades, una emoción y nostalgia que van desapareciendo conforme el pregonero va terminando su labor. Y van desapareciendo para dejar paso a la alegría de saber que sólo queda una semana para la Semana.

Y ya ves, aquí estamos en una nueva Nochevieja cofrade, con el Medinacelli y la Dolorosa esperando calladamente el momento de despedirse en su Encuentro, y los Armaos buscando al Nazareno para prenderlo. Ya sólo queda dejar que el campanario suene, que sus campanas entonen Semana Santa Ciezana y dejen paso al Año Nuevo, al Viernes de Dolores y que todo vuelva a comenzar...


REPORTAJE DE LA CUARESMA 2019

CUARESMA 2019

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