Octubre, Cieza y Rosario

Redes Cofrades Cieza/Antonio Jesús Hernández Alba
Como cada mes de octubre, Cieza despertó en las madrugadas de domingo al canto del Rosario de la Aurora que los Hijos de María pusieron en la calle como desde hace 45 años.

Hace 45 años, un grupo de jóvenes decidieron fundar una nueva cofradía en Cieza, pero no solo para llenar aun más nuestros desfiles pasionales y engrandecer nuestra Semana Grande, si no para recuperar una de las más antiguas tradiciones y devociones ciezanas: el Rosario de la Aurora. Así, como por un guiño de la providencia, una antigua Virgen del Rosario que custodiaban las clarisas, se convirtió en Gracia y Esperanza y salió a la calle para rezar el Rosario, antes incluso que para perfumar con su manto de flores la tarde de Jueves Santo.

Hoy, 45 años después, esa idea y esa devoción de un grupo de jovenes, que ya no lo son tanto, se ha convertido en uno de los eventos con más arraigo del calendario cofrade, un acto en el que se demuestra la verdadera devoción hacia María Santísima y el verdadero e incombustible sentir cofrade. Pues se necesita mucha fuerza de voluntad y una buena dosis de devoción para levantarse antes del alba y caminar en el frio de la madrugada hasta la iglesia para acompañar al Rosario.

A pesar de todo, a pesar del frio, del cansancio, de la oscuridad e incluso de la amenaza de lluvia, más de un centenar de personas madrugan cada domingo de octubre para buscar la dulce mirada de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza y para experimentar los pequeños milagros y las pequeñas sorpresas que deja cada año el Rosario.

Como siempre, el primer domingo es un día de reencuentros, los habituales nos damos cita en la calle Mesones, ante la cancela de las Claras, para volver a ver la entrañable e intima estampa de la Virgen de Gracia saliendo a oscuras del atrio del Monasterio. La voz de Rafa Pino, que con tanta delicadeza y cariño prepara las alocuciones introductorias, nos pone ya en situación: comienza el Rosario. Uno a uno, se van desgranando los misterios del Santo Rosario, cantados por las voces populares de quienes acompañamos a María. No hay más música que esa, la música de la devoción pura, el canto a capela de los Ave María acompañado por la sorda percusión de los pies contra el frio pavimento. En esa dulce monotonia, la noche se convierte en amanecer y María nos lleva hasta la iglesia de Santa Clara donde, un devoto y emocionado don Dímas Ortega, párroco de esta joven feligresía, nos recibe para celebrar la Santa Misa y recordarnos que, tras la Eucaristía, viene el tradicional premio de los rosarios: el desayuno a base de chocolate con churros. En Santa Clara dejamos a la Virgen, esperándonos hasta el siguiente día.

Llega el 12 de Octubre, Fiesta de María Santísima del Pilar, y volvemos a madrugar para salir a la calle a rezar el Rosario en el día en que conmemoramos que la Virgen eligió España para, segun la tradición, aparecerse por primera vez. También, como manda la tradición, desandamos los pasos para regresar a las Clarisas y celebrar con las hermanas este día tan señalado. En esta mañana, el recuerdo de la Madre Pilar, aquella clarisa que tanto quiso a los Hijos de María y por la que siempre volvían (y vuelven) a su casa para celebrar su santo, nos acompaña en cada Dios te Salve y en cada invocación de las letanías.

Si cuesta madrugar un día, más cuesta levantarse dos seguidos a las seis. De nuevo, la penumbra del atrio del convento se ilumina con las tulipas del pequeño trono de la Virgen de Gracia. Esta vez toca trasladarnos hasta la Basílica de la Asunción. Ver de nuevo a nuestra Madre por las calles del casco antiguo consigue inevitablemente traernos a la memoria aquella lejana tarde del mes de marzo en que la sacábamos en Traslado y, más aun, la perfumada tarde de Jueves Santo en que Ella es Reina indiscutible de Cieza. En esos momentos mágicos y devocionales que tiene el Rosario, hay uno este año que se ha ganado un hueco entre los más memorables: la llegada a la Basílica. Quién ha podido ver gloria mayor en tan poco espacio, a la Reina del Santo Rosario compartiendo altar con la Soberana del Buen Suceso, al Lucero de la Mañana con la Estrella Radiante de Esplendor. La lluvia que nos privó de Romería, nos regaló al mismo tiempo la oportunidad de ver a estas dos devotísimas imágenes juntas por una semana en el Altar Mayor de la Asunción. Qué devoción más grande.

De nuevo domingo, de nuevo la Asunción y de nuevo la lluvia. Pero ni siquiera este rocío nocturno nos arredra para acercarnos a rezar el Rosario. Niños y adultos nos encaminamos a la Basílica y acompañamos, aunque con un ojo puesto en el cielo encapotado, a Nuestra Señora en el largo trayecto hasta San José Obrero. Allí, junto con su párroco, que con tanto cariño acoge a María y a sus devotos, nos recibe el Cristo de Ánimas, ya preparado en el Altar Mayor para celebrar su mes, el mes de Noviembre.

Y por fin, antes de lo que nos esperábamos, casi sin darnos cuenta, llega el último domingo de octubre y el último rosario. Hoy rezamos por nuestros difuntos y por ellos portamos velas por el camino, iluminando con las primeras luces del día nuestras oraciones ante María. Así, con los últimos Ave María que oirán nuestras calles, con las últimas plegarias de las letanías, llegamos al Convento de San Joaquín para celebrar la última misa de los Rosarios 2019. Al terminar la Eucaristía, de nuevo y por última vez este año, Rafa Pino toma la palabra y nos da las gracias por participar fielmente cada domingo y cada año de los Rosarios. No obstante, aún nos queda una última oportunidad para cantar a nuestra Madre por la calle. Iluminada por el sol naciente, Nuestra Señora de Gracia y Esperanza recorre la Calle Mesones arropada por los cánticos de sus devotos que la acompañan de vuelta a su casa, a devolvérsela a sus queridas monjicas, de quien la tomaron prestada cuatro semanas ha. Allí, una vez cantado su himno por última vez y vitoreado su nombre, la dejamos recogida en su Monasterio, al pié de su capilla, y disfrutamos del fraternal desayuno de hermandad que los Hijos de María nos ofrecen como dulce colofón a un octubre más. Así, con el aroma de las rosas del trono y el sabor del chocolate con churros, nos despedimos de los Rosarios, si Dios y su Madre quieren, hasta el 4 de Octubre de 2020.

REPORTAJE DE LOS ROSARIOS DE LA AURORA 2019

ROSARIOS 2019

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