Cofradías, ofendiditos y carnaval

Por Antonio Jesús Hernández Alba
Suenan los tambores y Cieza despierta. Los ecos de la tamborada del Miércoles de Ceniza han vuelto a actuar como reclamo y despertador para el espíritu cofrade de los ciezanos. Ya estamos en Cuaresma y eso quiere decir que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Con la cercanía de nuestra Semana Mayor, los sentimientos afloran, el sentir cofrade y semanasantero que anida en nuestro corazón brota de nuevo como las flores de los frutales que adornan nuestros campos en estas fechas. Pero no todos esos sentimientos son bucólicos, positivos e inofensivos. Lejos del ideal romántico de Semana Santa que tenemos, el mundo cofrade no es ajeno a polémicas y disputas, tanto entre quienes lo formamos como con gente externa a él. Con estas líneas, quiero adentrarme un poco en cierta polémica que surgió hace unas semanas por las redes a colación de una agrupación participante en el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas de Cadiz.

Quizás para muchos este tema no resulte interesante, pues Cadiz parece muy lejano de nuestra Cieza, pero la afición al carnaval gaditano llega hasta todos los rincones de la geografía nacional, y nuestro pueblo no es excepción. Y del mismo modo que la afición, las polémicas que este genera llegan también a todas partes, sobre todo cuando se tocan ciertos temas entre los que encontramos en uno de los primeros puestos a la Semana Santa.

La polémica a la que me refiero viene a raiz de una chirigota que se presentó al Concurso, llegando hasta la semifinal del mismo y que llevaba por nombre "Aquí estamos de paso". El grupo en escena parodiaba una procesión, poniendo sobre el escenario del Gran Teatro Falla dos pasos, un Cristo y una Virgen, con su banda, público, penitentes y demás cortejo. Ya esto solamente parece que hiere las sensibilidades pues, en el tono de humor que envuelve toda esta representación, los detalles de los disfraces eran de lo más inverosimil (potencias hechas con matamoscas, en lugar de maceteros, cubos de playa...). Pero esto no se quedaba ahí, los verdaderos protagonistas de la chirigota eran una parodia exagerada (aunque quizás no demasiado) de un grupo de vestidores de imágenes, abiertamente homosexuales y muy amanerados. En las distintas piezas del repertorio que fueron cantando representaban de forma cómica el desarrollo de una procesión desde el particular punto de vista de estos vestidores.

Por supuesto, las reacciones a todo este montaje no se hicieron esperar ni siquiera a la mañana siguiente de la actuación, y se fueron multiplicando a lo largo del tiempo, pasando por la indignación del cofrade de a pié hasta la queja oficial por parte del Consejo de Cofradías de Cádiz mostrando su desagrado. Esto llegó hasta el punto de que el autor de esta chirigota ha sido, según informaban los medios, expulsado de su Cofradía.

Yo, personalmente, no entiendo a tantos y tantos ofendiditos. Puedo llegar a entender que las cofradías muestren su disgusto por esto, a nadie le sienta bien que lo parodien y lo denigren. Pero lo que no entiendo es como tantos y tantos cofrades se han sumado a esta crítica y condena cuando muchos de ellos disfrutan con las bromas que esta y otras chirigotas realizan a costa de los políticos, la monarquía y distintos colectivos presentes en nuestra sociedad. Si nos reimos con esos golpes y chistes, tenemos que aguantar cuando los recibamos nosotros. Y, más aún, este caso es un momento perfecto para poner en práctica las palabras del Evangelio: "amar a nuestros enemigos" y "poner la otra mejilla", y así demostrar que somos verdaderos cofrades, que no es si no una de las caras más públicas del cristianismo.

Pero voy más lejos todavía. Es muy fácil mostrarse indignado y echar balones fuera. Es muy fácil condenar esa parodia, quedar bien de cara a la galería, y seguir tu vida como si nada. Lo que no es tan fácil es mirar un poco más en profundidad y ver qué hay de verdad en la sátira. Si realmente no hubiera nada de verdad y es simplemente un insulto gratuito a nuestras cofradías, entonces no debería molestarnos. Si nada de lo que ahí se representa es real, no vale la pena ni dedicarle media palabra. No obstante, personalmente creo que no es el caso. Creo que esta chirigota a calado tanto y ha levantado tantas ampollas porque en el humor va implícita una dura crítica a ciertas actitudes que se dan dentro de nuestras cofradías. Una crítica a la irreverencia de algunos cofrades, a la banalización y la pérdida de espiritualidad que está sufriendo nuestra Semana de Pasión, al afán de protagonismo de ciertas personas dentro de las hermandades, al postureo que tan generalizado está en nuestro mundo.Y actualizando las palabras del Evangelio, quien esté libre de pecado, que escriba el primer tweet.

Para mi que no nos molesta que sobre un escenario se parodie una procesión, para mí que lo que de verdad "pica" es que más de uno nos vemos reflejados en una o varias de las actitudes de ese personaje, actitudes y comportamientos que sabemos que no son correctos pero, a pesar de todo, los seguimos cultivando.

No quiere decir esto que el humor y la comedia no deban tener límites; desde luego, esta sátira no es perfecta, ni  tampoco puedo decir que no caiga en ciertos puntos en el humor fácil y gratuito. Pero este artículo no es una crítica a los carnavaleros, si no a los cofrades que saltan a la primera de cambio. Así que, volviendo a hacer mías las palabras de Cristo: "quien tenga oidos, que oiga". Vamos a dejarnos de polémicas y críticas en caliente y a hacer un pelín de autoevaluación y quizás así demos con la clave para crecer como personas, cofrades y cristianos.

Para quien no siga el Carnaval de Cádiz, aquí os dejamos la actuación de esta chirigota, y que cada cual juzgue lo apropiado o no de ella.


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