Crónica atípica de una Triste Cuaresma

Por Antonio Jesús Hernández Alba
Sé que todos los años desde que empecé a escribir este tipo de crónicas digo lo mismo, que he llorado mucho escribiéndolas. Todos los años, invadido por la nostalgia, me siento ante el ordenador, pongo las marchas a funcionar y dejo que mis recuerdos hagan el resto. Este año no es una excepción. Las lágrimas se me saltan por tener que escribir esto, y precisamente es la nostalgia la que me impulsa mientras escucho marchas. Pero si siempre es la nostalgia de lo vivido y que ya se ha ido, este año es verdadera Nostalgia de Pasión, de lo que pudo haber sido y no fue. 

La cuaresma empezaba, como de costumbre, a finales de enero. Si, no me he equivocado, en la bendita manía que tenemos en Cieza de inventarnos actos hemos conseguido adelantar la Cuaresma en Cieza prácticamente dos meses. Presentaciones, misas, conciertos… Así fuimos llevando el mes de febrero. Nos dejamos convencer por Pasión de Linares de que ya era el momento de soñar con redobles y marchas. Y la Dolorosa y el Medinaceli, cumpliendo 75 años, nos ratificaron, en los primeros días de febrero, que esto ya estaba en marcha. El Nazareno se cargó con su Cruz y la Soledad salió a su encuentro para rememorar lo que antaño se hacía y ahora se vuelve a hacer. El Viernes Santo que tanto añoramos se nos hizo presente en apenas un momento sobre el Altar de la Asunción para la Remembranza. 

Y, por fin, estamos en Cuaresma. El incienso y la ceniza, junto al ronco tronar de tambores en la noche lo anunciaron. Julia Rubio nos hizo sonreír al ir descubriéndonos los carteles de nuestra Semana Santa y Piedad Quijada nos hizo llorar recordándonos que la Semana Santa y la Cuaresma son, ante todo, sentimiento y Perdón. El Medinaceli volvió a salir a las calles. Volvimos a emocionarnos ante las miradas de niños, adultos y ancianos que lloraban entre alegría, pesar y nostalgia al cantarle “Padre Nuestro, Jesús Nazareno, Rey Eterno de Amor y de Paz”. 

Pero la cosa empezó a torcerse. Las noticias empezaron a anunciar la llegada de esa maldita enfermedad. Nos reíamos y creíamos que la cosa no era para tanto. Pero aún así nos contuvimos antes de besar los pies del Medinaceli, del Cristo de la Expiración y del Cristo de la Agonía. Nos contentamos con acercarnos al Convento aunque fuera a ver al Señor. Cómo nos íbamos a preocupar. Aunque no pudiéramos hacer el gesto del beso… seguíamos teniendo nuestros actos, seguíamos disfrutando de la Cuaresma que tanto anhelábamos. Seguíamos con nuestra vida, trabajando por las Cofradías, comentando el altar que ha montado este, o la túnica que ha llevado el otro, que si sobran actos o que si pocos son, que si hay que tocar estas marchas o las otras. Vamos, las conversaciones normales de este tiempo. Pero, aunque no lo dejáramos ver, una espinita de miedo se nos iba clavando en el alma. 

Y, de repente, todo estalló. Un día estábamos riéndonos y planeando cómo sobrellevar la abigarrada agenda que aún nos quedaba (esto acababa de empezar), y al otro sólo pensábamos en recluirnos ya y pasar de la mejor forma esta cuarentena a la que nos vemos obligados, aceptando que queda todo un año para Domingo de Ramos. No nos queda otra. 

El Cristo de la Agonía, que cerró la pasada Semana Santa con la lluvia, ha vuelto a subir a su Trono para ver desde esa altura cómo un virus atenta contra nuestra salud y nos obliga a sacrificarnos y quedarnos en casa, sin siquiera darnos oportunidad a probarnos la túnica. Pero también está ya allí, sobre su trono, mirando al cielo como un faro de esperanza, diciéndonos que todo esto pasará. Nuestro sufrimiento no será en vano. Aunque la Virgen de Gracia no abra las calles, aunque San Pedro no sirva de avanzadilla al Santo Cristo, aunque el Pregón no nos haya hecho vibrar y la Dolorosa no aguarde en la Esquina del Convento a su Hijo, el Cristo de la Agonía sigue allí, recordándonos que no pasa nada, que esperemos pacientemente y marzo de 2021 llegará antes de que nos demos cuenta. 

Sé que no soy el único que ha llorado estos días. Así que: ÁNIMO HERMANOS. Hemos resistido un año sin Viernes Santo ni Cortesía, hemos aguantado años en que ni la mitad de procesiones han salido, nos hemos enfrentado a lluvia, tormentas y demás vicisitudes y hemos salido airosos porque, como nos recuerda el Cristo de la Agonía en su Trono, la Semana Santa siempre vuelve. 

Y pensad en la historia que quedará para nuestros hijos y nietos: nosotros vivimos el Año sin Semana Santa y salimos airosos. Quizás sea el momento de recordar que no es la primera vez que se suspenden nuestras procesiones. Y no, no hablo de lluvia. Recordemos que, en 1914, las Cofradías tuvieron que reunirse, fundar la Junta de Hermandades y decidir entre todas no salir aquel año. Y estoy seguro de que la situación en ese momento era igual o peor que la nuestra ahora.Tomaron esa dificil decisión, aguantaron el tipo y consiguieron que resurgiera nuestra Semana Mayor. La historia recordará este año igual que recuerda aquel de 1914. Ese fue por la penuria económica, este por una Pandemia, pero con igual resultado: un año sin Semana Santa.

Un simple virus no puede vencer a lo que llevamos dentro: el espíritu semanasantero, como tampoco pudieron la lluvia ni las crisis. Tengamos paciencia y calma, y ese espíritu crecerá fortalecido. Cuando se despierte de nuevo, en una fría noche de enero, mientras sus Majestades de Oriente se alejan, lo hará con una llama tan grande y hermosa que la Semana Santa 2021 será la mejor de nuestras vidas.

CUARESMA 2020

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