Corpus Christi: Historia, Liturgia y Tradición

Por Borja Atencia Flores
El “Corpus Christi”, una de las solemnidades más representativas de la Iglesia Católica, surge a raíz del continuado debate en la Iglesia Católica sobre la “transubstanciación” (la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo durante la Consagración). Y es que, a lo largo de los siglos, se ha cuestionado repetidas veces si realmente Cristo está presente en el Pan y el Vino. Muchas han sido las profanaciones que se han realizado contra las sagradas formas y muchos también los milagros que han abalado esta realidad de fe, y que dieron pie a esta Solemnidad. Influye especialmente en la instauración de esta fiesta el movimiento eucarístico que surge en Bélgica en el siglo XII. Aunque será a razón de un sínodo en 1246 cuando se realice la primera celebración del “Corpus” el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Esta costumbre fue recogida por un obispo alemán, el cual la extendió más tarde por toda la actual Alemania. 

A mediados del siglo XIII se produce un milagro eucarístico en Bolsena (al norte de Roma), un sacerdote dudaba sobre si realmente Dios estaba presente en las especies consagradas y entonces de la Sagrada Forma brotó sangre, la cual se extendió por todo el altar. El Papa Urbano IV, tras la rogativa de varios obispos, extiende la fiesta del Corpus Christi a todo el catolicismo por medio de la bula “Transiturus”, fijando esta celebración el jueves posterior a la octava de Pentecostés. Finalmente el Papa Clemente V ordena la adopción de la fiesta en el Siglo XIV y Juan XXII la extiende por toda la iglesia. 

El origen de la procesión eucarística viene de los santos padres Martín V y Eugenio IV, que concedían indulgencia a quienes participaran de esta celebración y solemne procesión en el Siglo XIV. A razón del Concilio de Trento (siglo XVI) se declara la introducción de esta costumbre todos los años en día festivo, para que se celebre con toda dignidad, veneración y solemnidad procesión sacramental por las calles y lugares públicos. 

La liturgia de este día tiene una riqueza mayor a la de otras solemnidades del calendario litúrgico, ya que tiene secuencia propia, que es recitada antes del Evangelio. También este día, tras la comunión, la Sagrada Hostia queda expuesta en la Custodia para realizar más tarde la solemne procesión. Tras la oración después de la comunión, el celebrante se quita la casulla y pone sobre sus hombros la capa pluvial y la estola, hace incensación al Santísimo mientras se canta el “Pange Lingua”. La procesión inicia seguidamente. 

En muchos lugares la Custodia va en manos del celebrante principal, el cual va bajo palio; en otros, el Santísimo va sobre grandes y bellas Custodias o carrozas realizadas expresamente para esa celebración. La procesión eucarística puede detenerse en ciertos lugares durante el recorrido, ya que es una piadosa costumbre que se preparen altares adornados con velas y flores desde los que se impartirá solemnemente la bendición con el Señor. Al final de la procesión el celebrante impartirá una nueva bendición con el Señor, esta irá revestida de toda solemnidad y tras la cual se aclamarán las “Alabanzas de desagravio”. Para finalizar el Santísimo quedará reservado en el Sagrario. 

Esta Solemnidad tiene en España una importancia muy relevante. Son muchos los lugares en los que se celebra con la mayor dignidad y en los que han quedado a lo largo de los siglos muchas tradiciones arraigadas como son las danzas rituales, los altares efímeros o las alfombras de serrín, flores o sal. 

En Toledo esta fiesta (que se celebra el jueves) reviste caracteres de verdadero acontecimiento, con una procesión eucarística en la que participan todos los estamentos de la vida toledana, así como seminaristas, diáconos y el cabildo de la Catedral, El Señor va sobre una magnífica custodia que para Él labrara el célebre Enrique de Arfe y tras ella va un piquete del Ejército de Tierra. 

Las danzas rituales son una de las costumbres que más se prodigan a lo largo y ancho de la geografía nacional, en la Región de Murcia destacamos las que se llevan a cabo en Yecla, en la que los niños de primera comunión son los protagonistas. Sin duda una de las más conocidas son los “Seises” de Sevilla: un grupo de diez niños vestidos con una indumentaria heredada del siglo XVII que hacen su ritual de danza previo a la procesión con la custodia de la Catedral de Sevilla el jueves de Corpus. Por importancia también cabe destacar las danzas tradicionales de Corpus de Valencia, en la que se representa la lucha entre la virtud (la Moma) y los siete pecados capitales, representados con ocho hombres mientras suena música de dulzaina y tabalet. Otras danzas que se interpretan ese día son las de los Cabezudos o la Mangrana entre otras. 

En Elche de la Sierra existe la tradición de elaborar alfombras de serrín para la festividad del Corpus Christi y es que esta tradición viene heredada del Siglo de Oro cuando se hacían alfombras de flores para la octava del Corpus. Fue a mediados del siglo XX cuando se recuperó esta tradición pero usando como material para la elaboración el serrín teñido de colores. También en la localidad murciana de Archena es típico realizar complejas y espectaculares alfombras de sal para honrar el paso del Santísimo, que ostenta el título de Patrón del municipio. 

Los granadinos celebran con gran entusiasmo la Feria del Corpus Christi, su origen está en los esfuerzos por cristianizar a los granadinos después del dominio de la dominación musulmana. El día previo a la fiesta del Corpus, por la mañana, una carroza llamada “La Tarasca” pasea por las calles de la ciudad. “La Tarasca” es un maniquí vestido que recorre la ciudad a lomos de un dragón que aparece rendido a sus pies. El jueves tiene lugar la Solemnidad religiosa con la magnífica procesión que pone en la calle el Cabildo de la Catedral. 

La Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo tiene una importancia y un valor muy grande para todos los católicos, ya que creemos que Cristo está en las especies sagradas y se hace presente en la consagración, el momento más importante de la celebración eucarística.

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