Reflexión Dominical: Domingo XVII de Tiempo Ordinario

Por Jorge Carretero Koch
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,44-52):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Palabra del Señor

Dejar todo lo que se posee por creer haber encontrado algo mejor es una decisión difícil que sólo tiene sentido si lo hallado es más valioso de lo que ya se tiene. Este es uno de los significados más importantes que Jesús nos enseña mediante el uso de metáforas en el evangelio de este domingo. San Mateo acentúa la alegría y el descubrimiento en este evangelio como expresiones del encuentro con Dios. El Reino de los cielos es una búsqueda constante, por eso, la necesidad de saber tomar las decisiones con sabiduría.

Jesús no se cansa de invitarnos a ir al encuentro de ese tesoro. Su reino es el tesoro más valioso que podemos tener. Si logramos entender realmente todo eso, seremos capaces de discernir entre lo superfluo y lo imprescindible, entre lo insignificante y lo importante para todos nosotros.

Cristo quiere que mantengamos la constancia en la búsqueda de su reino. El que mantiene fielmente la perseverancia, siempre lo encuentra. Pero no basta únicamente con encontrarlo, hay que vivirlo y dar testimonio de ello para que la alegría de haberlo hallado sea compartida.

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