Reflexión Dominical: Domingo XXVIII de Tiempo Ordinario

Por Jorge Carretero Koch
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor

Este relato del evangelio de San Mateo está enmarcado en el contexto de un banquete de bodas, una celebración en la que todo es alegría y convivencia. De una manera, es una alegoría del festín que Dios tiene preparado para el mundo tras la muerte. Es una forma de hablar de amistad, comunión y felicidad. Jesús, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, insiste en que vayamos a la boda. Y es que quien no se siente invitado por Dios, es que no conoce a Dios. 

Los primeros invitados a la boda no responden a la invitación, ignoran la llamada y maltratan a los enviados. Entonces, el rey, invita a la gente de los caminos, ya fuesen buenos o malos, todos por igual. Todos ellos también tienen lugar en el banquete del reino. “Todos los pueblos” tienen cabida en el Reino de Dios, es un banquete universal. Debemos ser luz para todos aquellos que están al margen, que son rechazados y despreciados por la sociedad. 

A la gratuidad de Dios corresponde la responsabilidad de cada persona. A esto se refiere la mención en la parábola al traje inadecuado. Hay llamadas de Dios, insistentes, a cualquier hora. El Reino de Dios está abierto a todos, estamos invitados a él. ¿Cuáles serán nuestras excusas para aceptar y acoger las invitaciones de Dios?

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