¿Era necesario esto?


Por Antonio Jesús Hernández Alba

Este sábado, como suele ser habitual en estas fechas (cuánto tiempo sin poder decir esa frase), conoceremos qué imagen ilustrará la (por triste que suene) incierta y muy diferente Semana Santa de Cieza 2021. Por tanto, el panorama cofrade vuelve a bullir de actividad, aguardando espectante esta revelación que cada año acogemos con ansia pues, cuando el frio del invierno ya empieza a hacerse presente, nos hace soñar ya con los aromas primaverales de flores, cera e incienso. De nuevo nos hemos puesto en marcha, volvemos a soñar con un marzo de Penitencia y un abril de Pasión, aun cuando lo más probable es que no podamos vivirlo con la intensidad que se merece y que tanto añoramos. Cuanta falta nos hace ya un Viernes Santo de los nuestros...

Aun en plena pandemia, aun con el virus dando vueltas y amenazándonos, seguimos pensando en nuestra Semana Santa, en nuestra Bendita Locura que nos hace seguir vivos aunque sea a base de recuerdos. Los cofrades necesitan vivir de alguna manera su vida semanasantera y, aunque su vida espiritual la pueden seguir cultivando, el complemento a esta que suponen las cofradías es imprescindible para ellos; para nosotros, que yo también me incluyo. Y si nosotros lo necesitamos, cúanto más no necesitan nuestras Cofradías y Hermandades mantener de alguna manera su actividad para no morir en el más completo olvido y así resistir hasta que puedan poner en la calle con total seguridad sus pasos y tercios. Entre otras razones, entiendo que es por esto que la JHP decidió mantener este concurso abierto y renovar los carteles anunciadores. Pero, ¿realmente era necesario?

Todos queremos olvidar este año terrible. Todos queremos que acabe pronto, cerrar los ojos y que cuando los volvamos a abrir, el coronavirus sea sólo un mal sueño. Queremos tener esperanza en que volveremos a salir y volveremos a tener Semana Santa como Dios manda. Pero de momento esa esperanza es sólo un sueño y el virus nuestra realidad. Y la realidad es que el virus nos ha robado una Semana Santa que traía muchas promesas, promesas que se quedaron en papeles olvidados, olvidados como los carteles que nunca se pusieron en nuestros escaparates, carteles que no pudieron anunciar lo que pregonaban. Carteles que no cumplieron su función y fotógrafos premiados que no recibieron la parte más importante de su premio. Promesas olvidadas que son las fotos que nunca se echaron en este último abril, fotos que no llegaron ni siquiera a existir y que ahora no pueden optar a ser cartel. Por esto vuelvo a preguntar ¿era necesario convocar el concurso este año?

Hoy hablo como fotógrafo, como nazareno de cámara y objetivo, y no puedo callar ante lo que, en mi humilde opinión (y lo mío que no valga) es una injusticia. Injusticia hacia los que no podemos presentar fotos antiguas porque no tenemos (al menos, no sin publicar), injusticia hacia los que consiguieron un cartel y nunca vieron su cartel anunciando triunfante la llegada de nuestras procesiones en los escaparates. Injusticia como la de un virus que nos robó lo que más soñábamos. 

Me diréis que sí que hay Semana Santa en 2021, me diréis que hay que seguir adelante. Y no seré yo quien niegue estas dos verdades absolutas. Pero... ¿era necesario robarles su "minuto de gloria" a los cartelistas de este año? Entiendo las razones para hacerlo, y las acepto, pues para bien o para mal, el concurso es parte de nuestro trabajo como fotógrafos de nuestra Semana Mayor. Pero qué triste concurso sin fotos renovadas y sin nuevos puntos de vista, sólo con fotos de archivo y fotos de capilla. Para mí (y repito que es sólo mi opinión particular), lo emocionante del concurso es ver las nuevas fotografías, la renovación de las estampas y las nuevas ideas de cada fotógrafo. Para recuerdos ya estás los andas y los archivos y para capilla... bueno, ahí están las iglesias. Por eso, aceptando las razones de quienes no piensen así, yo este año no participo en el concurso, por primera vez en 8 años.

El sábado, como decía, conoceremos un nuevo ganador y un nuevo cartel, la Semana Santa caminará hacia un nuevo amanecer, con mejores o peores previsiones, pero un nuevo renacer al fin y al cabo, pero habiendo dejado atrás en el olvido todas las promesas incumplidas del 2020.

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