Reflexión Dominical: Domingo II de Tiempo Ordinario

Por Antonio Jesús Hernández Alba
Lectura del Santo Evangelio segúnSan Juan (1,35-42):

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús.
Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor

Una vez terminado el tiempo de Navidad, una vez celebrada la alegría del Nacimiento del Salvador y de su Epifanía, regresa el que la Iglesia llama "Tiempo Ordinario", que empezó tras la celebración del Bautismo del Señor en el Jordán. El momento del Bautismo de Cristo por su primo, Juan el Bautista, marca el punto de inflexión entre la infancia y juventud anónimas de Jesús y su ministerio y predicación públicas. En este tiempo litúrgico, el Evangelio nos invita a escuchar la palabra del Señor, la Buena Noticia del Reino de los Cielos, que se aproxima.

El texto que se nos ofrece hoy es un momento muy sencillo y muy bello en su sencillez. Cristo pasa junto a los discípulos de Juan y este les señala al Salvador y les invita a ir junto a él. Al llegar junto a Jesús, este les muestra su sencillez y los invita a acompañarlo. Con este sencillo gesto, la vida de estos hombres cambia por completo, pues supieron ver, entre lo cotidiano, al Mesias, y pasaron de ser dos personas anónimas a ser discípulos del Señor.

De la misma manera, Dios pasa junto a nosotros cada día, Dios pasa junto a nosotros hoy; y nos invita a seguirle, a ver dónde vive, a vivir con Él, siguiendo sus mandatos. Para cada uno de nosotros tiene preparada una misión, un futuro junto a Él. Este es el momento de seguirlo y, como Andrés y Pedro, dejar que nos cambie la vida. Pero la decisión es nuestra, nosotros debemos dar el primer paso y responder a su llamada. ¿Tendremos en suficiente valor para hacerlo?

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