Reflexión Dominical: Domingo I de Cuaresma

Por Pablo Moreno Gómez
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (1,12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor

Hermanos, hemos comenzado el Tiempo de Cuaresma, tiempo de reflexión, tiempo de autocrítica, tiempo, sobre todo, de conversión. Hoy Jesús nos lo dice en el Evangelio, después de pasar cuarenta días, con sus cuarenta noches en el desierto y tras ser encarcelado Juan, el Bautista, el Señor Jesús comienza a predicar el Evangelio por la comarca de Galilea y lo primero que nos dice es: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

“Convertíos”, esta es la exhortación que más escucharemos durante toda la Cuaresma, es la invitación que Dios mismo, por medio de su Iglesia nos hace a cambiar. Conversión se entiende por volver nuestro corazón, nuestro rostro hacia Dios. Es decir, desterrar de nuestra vida todo aquello que nos impide acercarnos a Dios o nos aleja de Él y nos impide ver su voluntad en nuestra vida.

Y, una vez conseguido esto, una vez degustado la misericordia de Dios contigo, de ver la obra de amor infinito que ha hecho en tu vida, entonces es cuando realmente podremos “creer en el Evangelio”, verdaderamente acogeremos en nuestra vida la Buena Noticia (significado de Evangelio) del Hijo de Dios, muerto y resucitado por ti y tu salvación.

Verdaderamente está cercano el reino de Dios y ante tal hecho podemos mostrar dos actitudes diferentes: o bien, permanecer inmóviles, absortos de la realidad como si eso no influyera en nosotros, como si fuera algo ajeno a nuestra realidad; o bien, introducirnos de lleno en el Misterio de Dios, querer cada día acercarnos más Él, conocerle mejor y dejarnos conocer por Él, sabiendo que solo así podremos alcanzar la verdadera felicidad.

Pero claro, sentimos temor e incluso a veces vergüenza, creer en Dios, creer en un ser superior que camina a mi lado y me ama; es una tontería, una niñería creer en esas cosas. Pero es que es la realidad, es la Verdad porque Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, es aquel que te juzga con amor y misericordia, es aquel que es capaz de mirar más allá de tu pecado que es capaz de mirar en lo más hondo de tu corazón donde tus sentimientos son más puros, sinceros y verdaderos, allí en lo más tierno y profundo de nuestro corazón es donde vive el Amor de Dios, es donde el Espíritu espera y descansa a que nuestro corazón se convierta, a que nuestro corazón se vuelva a Dios y podamos creer, verdaderamente, en la Buena Noticia, podamos creer, con sinceridad que Cristo ha muerto y ha resucitado, que el reino de Dios está cerca y estamos invitados al banquete de bodas del Cordero, estamos llamados a seguir a Jesús en su camino hacia la Vida Eterna, sabiendo que este pasa por un único sitio, la Cruz.

Hermanos, feliz Domingo, que este tiempo de Cuaresma, nos sirva para darnos cuenta del amor infinito y extremo que Dios tiene por nosotros y sepamos dejarnos amar por Él. Como diría el apóstol Pedro en su primera epístola, caminemos siempre “firmes en la fe”.

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