Reflexión Dominical: Domingo V de Tiempo Ordinario

Por Jorge Carretero Koch
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor

Todo el mundo busca a Jesús. Todo el mundo necesita de su palabra y de su salvación. Jesús también quiere ser buscado, ser abrazado por una multitud de pobres y ricos, de enfermos y perseguidos. Quiere ser abrazado por toda la humanidad.

En el evangelio de este domingo, el quinto del Tiempo Ordinario, Dios nos muestra una verdad de amor: Jesús predica y sana las heridas físicas y espirituales entre nosotros. La mayor parte de la vida pública de Jesús la pasa en la calle, entre la gente. Va por todos los pueblos predicando la “Buena Nueva”, curando enfermos y expulsando demonios. No lo hace sentado en un trono esperando a que la gente se acerque a él, sino que recorre todos los lugares al encuentro de aquellas personas.

Actualmente vivimos en una época de dolor y sufrimiento, a esto se le añade el distanciamiento social que nos impone la pandemia. Es importante poner de nuevo en valor la gratuidad del encuentro, de la visita o la llamada a las personas con las que compartimos un camino de vida. El encuentro también es una oportunidad maravillosa para el comunicar y compartir la fuerza transformadora de Jesús y el Evangelio. No basta con decir, es necesario pasar a la actuación y al compromiso. Como dijo su Santidad el papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro, “¡Hagan lío!”.

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