Figuras Cofrades: Entrevista a doña Águeda Hernández Belmonte

Por Antonio Jesús Hernández Alba
Jueves Santo en Cieza es el día de la Esperanza por antonomasia; y este año con más razones. Aunque no salgamos en procesión, tenemos la firme esperanza de que volveremos. Hoy hablamos con la presidenta de la Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, doña Águeda Hernández Belmonte.

¿Cómo viviste la Semana Santa de 2020?

La Semana Santa más extraña y posiblemente más difícil de nuestras vidas. Creo que la viví de igual forma que la inmensa mayoría de los cofrades, confinada en casa, rodeada de recuerdos y de mi familia; preocupada por la grave situación sanitaria que estábamos viviendo y que nos llenaba de dudas e intentando dentro de las posibilidades que los medios técnicos y redes sociales nos permitían, estar en contacto con los míos y con mis hermanos.

Fue todo muy duro, pero con la Esperanza siempre por bandera, como no puede ser de otra forma en los Hijos de María

¿Cómo se ha vivido esta Cuaresma desde los Hijos de María?

Este año nos hemos movido siempre dentro de una gran sensación de duda, que nos obligaba a estar siempre pendientes de las normas que desde las autoridades sanitarias se dictaban y que cambiaban de forma constante.

Nuestra Hermandad celebra un importante acto en Cuaresma como es el acto del Traslado de nuestra Imagen Titular, que este año era evidente que no se iba a poder celebrar. Pero dentro del respeto a las normas que la pandemia nos obligaba a cumplir, creímos conveniente celebrar en el día señalado un acto de Hermandad que sirviera de punto de encuentro después de tanto tiempo, encuentro entre los hermanos y cofrades, pero sobre todo de encuentro con nuestra Madre que tanto necesitamos siempre.

Creo que el acto celebrado cumplió su cometido y sirvió para subir el ánimo a tantos que nos hemos visto privados de tanto. Celebramos lo que desde un principio planeamos, un acto íntimo y de respeto a nuestra Madre.

Vuestra hermandad es, además, una de las más activas durante todo el año, y la pandemia no ha conseguido frenaros. ¿Cómo ha sido preparar y celebrar los cultos de la Virgen de Gracia con las restricciones por el covid?

Pues, la verdad, todo muy complicado. Como he dicho antes, los constantes cambios en la normativa que había que cumplir, nos hizo cambiar y reprogramar muchos de los actos que anualmente celebramos, para adaptarlos a las normas que regían en cada momento.

Lo que si teníamos claro dentro de mi junta directiva es que, en la medida de lo posible, nuestros actos debían celebrarse porque nunca hay que cejar y abandonar, no solo nuestra devoción, sino nuestra responsabilidad de estar cerca de nuestros hermanos, sobre todo ahora en esta época tan difícil y dolorosa.

De esta forma, celebramos nuestro Rosario de la Aurora, aunque sin los traslados procesionales acostumbrados a las diferentes Parroquias, pero celebrando el rezo del Rosario y la celebración de la Santa Eucaristía frente a nuestra Madre, así como el Triduo en el mes de Diciembre. Agradecer las facilidades de la Parroquia de San Joaquín en la celebración de ambos actos que nos permitió poder acercarnos a más hermanos y devotos por su mayor aforo con respecto a nuestra casa del Monasterio de Las Claras.

Desgraciadamente tuvimos que suspender nuestro Pregón de Adviento en el mes de Diciembre, por el hecho fundamental que la pregonera escogida este año, Dña. Elisa Franco, es residente en Murcia y en la fecha prevista de celebración nos encontrábamos bajo un cierre perimetral de todos los municipios.

Estoy muy contenta por los esfuerzos realizados, porque si bien totalmente diferente a como estamos acostumbrados, seguimos con nuestra programación cofrade anual y su celebración reconfortó a muchos hermanos.

No obstante, Jueves Santo es vuestro día grande y por segundo año consecutivo no podemos salir a la calle. ¿Cómo se afronta el no poder acompañar a la Virgen otro año más?

Se afronta con responsabilidad pero con mucha nostalgia. Las Cofradías nos hacemos esencia en la calle y para ello fuimos concebidas, para servir de catequesis para el pueblo con nuestras Imágenes. El no poder procesionar va contra nuestros propios principios, pero no tenemos que olvidar que somos parte de la Iglesia, y como tal tenemos que ser igualmente vehículos de unión y fraternidad cristiana y hacernos presentes mucho más allá de las procesiones.

Este año, al menos y a diferencia del año pasado, si podremos pasar Jueves Santo frente a nuestra Imagen venerada, así como estar junto a nuestro Cristo de la Santa Cena y aunque no los podamos ver sobre los hombros de nuestros hermanos anderos, si podremos elevar ante ellos nuestras oraciones de Esperanza y conversión.

Esta nueva época, si algo bueno ha traído es, creo, que ha servido para reforzar y fortalecer la necesaria espiritualidad que debemos de tener como cristianos y como cofrades.

La Esperanza es lo último que se pierde, ¿crees que el año próximo, o quizás en octubre, volveremos a ver a Nuestra Señora de nuevo en la calle?

Necesitamos creer que si, que pronto todo esta situación pasará. Si podemos salir de nuevo a la calle a procesionar será señal de que esta grave pandemia que tanto dolor nos ha traído está superada o por lo menos controlada. Esa, sin duda, debe ser nuestra mayor alegría más allá de tener o no procesiones.

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