Reflexión Dominical: Domingo III de Cuaresma

Por Jorge Carretero Koch
Lectura del Santo Evangelio según San Juan (2,13-25):

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor

En el evangelio de este domingo Jesús nos está diciendo que demos un uso verdadero al templo. Pero, ¿a qué se refiere con esto? Acercándose la Pascua judía, Jesús llega a Jerusalén para seguir evangelizando, para dar la “buena nueva” a los que le buscan. Va al templo para orar con el Padre y es ahí donde ve cómo el pueblo judío está usando ese lugar sagrado para sus propios intereses, es decir, convirtiendo el templo en un mercado. Pero Jesús va más allá de lo material, “destruid este templo, y en tres días lo levantaré”, está haciendo referencia a su propio cuerpo como templo o casa de Dios.

Hay un signo que pasa desapercibido para los apóstoles al escuchar a Jesús durante la expulsión de los mercaderes, les está manifestando lo que le va a acontecer en unos días, su crucifixión (“destruid este templo”). Más adelante, tras la Resurrección, comprenden todos estos signos que Jesús les ha ido diciendo.

En el tercer domingo de Cuaresma, Dios nos llama a una búsqueda de relación más cercana con Él, a profundizar en nuestro interior; nos llama a dejar de lado lo superficial de nuestras vidas para poder avanzar en lo esencial. No podemos caer en la tentación de buscar únicamente nuestro interés en las acciones que realicemos para los demás, sino en el amor generoso y solidario.

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