Reflexión Dominical: Domingo V de Cuaresma

Por Pablo Moreno Gómez
Lectura del Santo Evangelio según San Juan (12,20-33):

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

Ya hemos llegado al último domingo de Cuaresma, estamos ya en el final del tiempo de preparación para la Pascua y ya en nuestro horizonte se nos hace presente la última etapa de nuestro camino junto a Jesús, Jerusalén.

Llega la celebración de la Pascua judía, toda la Palestina judía, todo el pueblo de Israel se congregaba estos días en la Ciudad Santa para celebrar la salida de Egipto de sus antepasados, el fin de la opresión egipcia sobre el pueblo de Israel. Jesús, como judío que era, al igual que sus discípulos, bajaba de Galilea a Jerusalén a celebrar la Pascua.

Y es habiendo llegado ya a la Ciudad Santa, momentos antes de comenzar a celebrar la fiesta, cuando tiene lugar el pasaje que la Iglesia nos invita a contemplar en este último domingo de Cuaresma del ciclo B. Jesús, anunciado una vez más lo que el Hijo del hombre tendría que padecer para salvación de todos. Y es en este momento donde Cristo nos regala la Palabra que hace de la vida de un cristiano, una vida plena, una vida de abundante gracia.
“Os aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna.”
En estos versículos se resume a la perfección el estilo de vida que hemos de tener como cristianos, el estilo de vida que da la verdadera felicidad. Vivimos en un mundo o en una época, mejor dicho, donde hemos hecho de la actitud egoísta la mejor y más cómoda forma de vida. Donde prima el “mí, me, conmigo” sobre todas las cosas. Pero esta actitud, lo único que hace es que seamos más infelices que felices, nos hace tener una dinámica de vida completamente opuesta a lo que estamos llamados a vivir. El hombre está llamado a darse, el uno por el otro, a entregarse y derramar la última de gota de sangre y el último suspiro de aliento por hacer el bien por y al prójimo. Este es el mensaje que ha de calar en nosotros para vivir la Pascua, ya próxima, como verdaderos cristianos, que nuestro fruto caiga en tierra y muera.

Tertuliano, padre de la Iglesia, escribió entorno al 197 d.C. que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Un claro ejemplo de las palabras de Jesús, esa semilla que cae en tierra y muere y da fruto. Entregarse, darse da fruto y fruto abundante.

Queridísimos hermanos, ya estamos en el final de la Cuaresma y aún estamos a tiempo, siempre estamos a tiempo de preparar nuestro corazón para la celebración de la Pascua. Espero, que estemos dispuestos a ser verdadera semilla y a gastar nuestra vida por servir al hermano y no a mí mismo, por hacer felices a los demás y no gozarme en mi propio egoísmo. Esto es la felicidad, darme hasta gastarme.

Feliz domingo, a todos.

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