Reflexión Dominical: La Liturgia en Semana Santa

Por Borja Atencia Flores y Cristina Pallarés Alcaraz
Estamos en los días del fin de la Cuaresma y la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Son los momentos centrales del año de la Iglesia. La Semana Santa es el hecho principal de nuestra fe, por tanto es lo que da base al resto de las celebraciones del año litúrgico.

Las celebraciones de la Semana Santa tienen su punto central en lo que se denomina “Triduo Pascual”, aunque comienzan días antes, el Domingo de Ramos, en el que se celebra la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Se realiza procesión con los Ramos y Palmas que han sido bendecidos y se leerá la lectura del Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén.Este día, después de la procesión litúrgica, durante la Eucaristía se hará la Lectura de la Pasión según San Lucas, de ahí que este día se denomine “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”, nombre que también da pie al color utilizado en la liturgia, que será el rojo.

Durante la Semana Santa también se celebran actos de piedad como son los Vía Crucis. Que es un rezo piadoso en el que se rememora el camino de Cristo con la Cruz en sus catorce estaciones.

Los días centrales comienzan con el Jueves Santo, por la mañana se celebra en las catedrales la Misa Crismal, que presiden los Obispos revestidos de Blanco, en la que se bendicen los óleos que se usarán en todas las parroquias durante el año litúrgico venidero. En la tarde comienza el llamado “Triduo Pascual” la celebración más importante del año litúrgico, y que durará desde la Misa de la Cena hasta la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo. La liturgia de la misa Vespertina de la Cena es muy significativa. Durante la celebración se entona el Gloria, pero no el Aleluya, que se reserva para la noche de Pascua. Este día será muy significativo el lavatorio, rememorando la cena del Señor. Fue en este día cuando Jesús también instituye la Eucaristía durante la fracción del pan y el vino con los apóstoles, así como la institución del sacerdocio. Es muy curioso que durante la consagración no sonarán las campanas, y al terminar la misa no se dará la bendición, se realizará una procesión sacramental hasta el “Monumento”. Este día el Sacerdote vestirá ornamentos blancos.

El monumento, como sabemos, es el lugar donde se reserva el Santísimo, consagrado durante la misa de la tarde, hasta el Viernes Santo. El hacer el monumento no es ni más ni menos que para resaltar este día de los del resto del año, exponer de una manera más solemne, para que los fieles adoren y acompañen a Jesús esa noche en la que iba a ser entregado.

El Viernes Santo no se celebra la Eucaristía, en señal de luto por la muerte de Cristo, pero si se celebran los Santos Oficios de la Pasión del Señor, en los que se conmemora su muerte en la Cruz. En este Solemne oficio no suenan los instrumentos para acompañar los cantos, sino que se suelen hacer polifónicos. La lectura de la Pasión según San Juan, la Oración Universal en la que se pide por las necesidades de la Iglesia y la Adoración de la Cruz son los momentos litúrgicos más significativos. Después de la Comunión acaba el oficio, en el que tampoco se da la bendición ni el envío. Para esta celebración el Sacerdote viste ornamentos rojos (por la Sangre derramada de Cristo por nosotros). Con la conclusión de los Oficios del Viernes Santo se culminan los actos litúrgicos de ese día y del siguiente, puesto que hay luto por la muerte de Cristo, el Sábado Santo es un día sin liturgia ni celebraciones.

El último de los oficios y con el que concluiría el Triduo, sería la Vigilia Pascual, que se celebra en las últimas horas del Sábado Santo. Es la noche del paso de la Muerte a la Resurrección. La Vigilia de esta noche es muy especial, conmemora la Resurrección de Jesucristo y por eso, es la celebración cristiana más importante encontrándose dividida en varias partes. La primera corresponde al encendido del Cirio Pascual, acto seguido el Pregón Pascual y tras él la celebración de la palabra con lecturas del Antiguo Testamento. Este día, con la alegría de la Resurrección, se vuelve a entonar el Gloria, que había dejado de hacerse con el inicio de la Cuaresma, al igual que se vuelve a cantar el Aleluya. Además, este día se renuevan las promesas del bautismohaciendo profesión de nuestra fe, se sigue con la liturgia de la Eucaristía comúnmente conocida. El color de esta celebración es el blanco, color de la alegría y del triunfo de Cristo Resucitado. Este color se usará durante toda la Pascua hasta el día de “Pentecostés”.

Con el triunfo de Cristo, los cristianos nos llenamos de gozo. Cristo ha resucitado y vive entre nosotros. El Domingo de Resurrección, la liturgia es prácticamente igual a la que se celebra la noche anterior aunque sin la ceremonia extendida de la Vigilia, pero con el mismo gozo, pues se celebra lo mismo, la redención y liberación del pecado de la humanidad.

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