Reflexión Dominical: Domingo III de Pascua

Por Antonio Jesús Hernández Alba
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (24,35-48):

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.
Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra del Señor

“No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”. Esta es una de las citas que más se recuerdan del pontificado de San Juan Pablo II y la que mejor puede resumir el evangelio de hoy.

En este tiempo de Pascua, el Señor nos invita a escuchar la mejor noticia que el mundo ha conocido en toda su historia, el Buen Suceso de la Resurrección de Cristo. Pero es una noticia polémica y difícil de aceptar. Cristo ha Resucitado, y eso implica que todo lo que nos había dicho se ha de cumplir, y es algo que da miedo. La Salvación es real, pero también es muy real el duro camino que hay que recorrer para seguir los pasos del Salvador, y eso da miedo.

Por eso hoy Cristo nos dice como a los apóstoles aquel día “¿De qué tenéis miedo?”. Él ha muerto por nosotros, ha vencido a la Muerte para redimirnos a todos y nos ha abierto las puertas del paraíso. Sólo nos pide una cosa, que le abramos las puertas de nuestro corazón, que le dejemos entrar en nuestra vidas y Él, resucitado y glorioso, vencedor de la Muerte, nos dará la paz que tanto ansiamos.

Hermanos, no tengáis miedo, abridle las puertas a Cristo, porque, teniéndolo a Él en nuestra vida, no tenemos de qué temer.

Comentarios

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *