Reflexión Dominical: IV Domingo de Pascua

Por Borja Atencia Flores
Lectura del santo evangelio según san Juan (10,11-18):

En aquel tiempo dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra del Señor

Hermanos, estamos en un tiempo de gracia en el que celebramos la alegría de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. En la lectura de Juan de hoy hemos visto la humildad de ese Dios que por amor se entrega por nosotros, por su pueblo, sus ovejas. Al igual que el dueño del rebaño no entiende de descansos ni días festivos, lo mismo nos ocurre con Cristo, que nunca nos abandona, somos el pueblo que cree en él y que le tiene obediencia, como la grey a su pastor. 
Cristo se ha sacrificado por nosotros para que, por su muerte y resurrección, nosotros seamos librados del pecado y creamos en su palabra. El texto sagrado de este Domingo nos ofrece una vez más la bondad de Dios y el anuncio de su reino y su palabra, ya que por esa palabra los pecadores se convertirán, igual que las ovejas que no están en el redil. Nosotros, los católicos, tenemos la misión de obedecer los mandatos del Padre como Cristo los obedeció, y amar a nuestros hermanos como Cristo nos ama, que incluso en una cruz murió por todos como hombre para resucitar, ya como Dios. 
No tengamos miedo a oír su palabra y participar en la Asamblea Santa, Jesucristo es el Cordero inmolado, es sacerdote, víctima y altar. Cada vez que celebramos la misa, estamos celebrando su amor, el amor del pastor por su redil. 

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