Reflexión Dominical: la Pascua del Señor

Por Pablo Moreno Gómez y Antonio Jesús Hernández Alba

Comenzamos un nuevo tiempo litúrgico, el tiempo de alegría y triunfo. Hoy, Domingo de Resurrección, comienza la Pascua, y en Redes Cofrades os traemos una pequeña meditación sobre este nuevo tiempo y su liturgia.

Hermanos, Cristo ha Resucitado y nos abre el camino a la Vida Eterna. Alegraos y regocijaos porque el Señor ha vencido al mundo. Comenzamos el tiempo de Pascua, durante 50 días celebraremos su Resurrección gloriosa.  Aunque la Semana Santa, la celebración central de nuestro año cofrade y del año litúrgico, haya terminado, no debemos estar tristes, porque lo que hoy celebramos es lo que da sentido a nuestra fe. No seguimos a un dios muerto, ultrajado y maltratado, sino a un Dios vivo, que se entrega por nosotros y, al Resucitar, da sentido a su sacrificio y a nuestra fe. Desde anoche en que, durante la Vigilia Pascual, celebramos este acontecimiento que cambió el mundo. Una nueva vida, un nuevo sentir. Cristo a Resucitado, cantemos ¡Aleluya!

Color litúrgico: Blanco.

Hemos de ser conscientes de que entramos en un tiempo litúrgico completamente nuevo, un tiempo en el que el color blanco, como símbolo de pureza y triunfo, predomina sobre todo durante cincuenta días.  

50 días de Pascua.

Así es, cincuenta son los días que dura el tiempo de la Pascua, desde Domingo de Resurrección hasta las primeras vísperas de la celebración del Domingo de Pentecostés. Cincuenta días en los que celebramos la Resurrección de Cristo y sus apariciones a los discípulos tras este acontecimiento. Así, a los cuarenta días, celebraremos su Ascensión a los cielos, el fin de su paso por la tierra y el momento en que definitivamente se nos abre el Cielo. Este es uno de los jueves que, como reza el dicho popular, reluce más que el sol; aunque su celebración se suele pasar al domingo siguiente. Terminará con la celebración de Pentecostés a los 50 días, recordando la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Esta celebración es similar a la Pascua, se comenzará a celebrar la noche anterior con su solemne vigília y, en la celebración del día, cantaremos o leeremos la secuencia previa al Evangelio en la que invocaremos la venida del Paráclito, el Espíritu consolador. 

La Octava de Pascua

Dentro de estos cincuenta días destacan por encima de todo los ocho primeros días, es decir desde Domingo de Resurrección hasta el II Domingo de Pascua o Domingo de la Misericordia. A esos días que transcurren entre las jornadas antes mencionadas se le denomina la Octava de Pascua, y es celebrar durante ocho días seguidos la Resurrección del Señor. Es decir, durante una semana entera es como si fuera domingo todos los días. La liturgia de esos días es la propia de solemnidad, en la cual se incluye dos lecturas (Antiguo y Nuevo Testamento) y el salmo, se canta el Gloria y se profesa el Credo. Además como algo propio de esos días antes del Evangelio y después de la segunda lectura se recita o se canta la secuencia pascual, en el cual se narra como si de un poema se tratara lo acontecido la noche de Sábado de Gloria a Domingo de Resurrección, dígase, el triunfo de la Vida sobre la muerte, la victoria del Señor muerto y resucitado por la salvación de la multitud de los hombres. La lectura de la secuencia es obligada el Domingo de Pascua, aunque es potestativa el resto de dias. Además, en señal de alegría, estos días al envío, es decir, al final de la misa, se le añade el canto del Aleluya. Esto es, en lugar de tan sólo decir Podéis ir en paz. Demos gracias al Señor; se dice o canta: Podéis ir en paz ALELUYA, ALELUYA. Demos gracias al Señor, ALELUYA, ALELUYA.

El resto de la Pascua.

Los cuarenta y dos días restantes del tiempo pascual estarán marcados siempre por la alegría del Resucitado, aunque con menos ímpetu que durante la Octava. Así que hemos de estar atentos y no convertir el Tiempo Pascual en Ordinario, pues cada cosa tiene su momento. Hemos de estar atentos y vivir con ánimo este tiempo que hoy comenzamos de tal manera que cuando llegue el día de Pentecostés y el Espíritu Santo sea derramado sobre nosotros como en el cenáculo hace casi 2000 años, estemos preparados para anunciar al mundo entero que aquel a quien muerto creían triunfante se ha levantado. Una de esas señales de alegría es que, en lugar de rezar el Ángelus al mediodía, o al saludar a nuestra Madre, la Virgen; se debe rezar el Regina Caeli, una antiquísima oración que es una felicitación a María porque su Hijo ha Resucitado. Reina del Cielo, Alégrate, Aleluya; porque aquel ha quien has merecido llevar, Aleluya, ha Resucitado, segun las escrituras, Aleluya. Ruega por nosotros a Dios, Aleluya.

Hermanos, alegraos y gozad por que Cristo verdaderamente ha resucitado. ¡Aleluya! Feliz Tiempo de Pascua.

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