Reflexión Dominical: Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

 

Por: Jorge Carretero Koch 
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (10,35-45):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron: «Lo somos.»
Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.» Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»
Palabra del Señor

“Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.”

En el Evangelio de este domingo, Jesús nos muestra un don al que estamos llamados, el del servicio a los demás. Una ambición a la que la Iglesia está llamada.
La narración de Marcos muestra un poco las disputas que había también entre los discípulos por ver quién podría sobresalir entre ellos. También nos muestra las dificultades que tenían ellos por entender a Jesús, pensaban que su mensaje en la tierra era un mensaje no de salvación sino de política, que yendo con él ganarían, pero se equivocaban. Jesús no era un político que llamaba a la gente para vivir gloriosamente en la tierra sino en la Tierra Prometida. La respuesta de Jesús a sus palabras es: “Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.”
A lo largo de la vida de Jesús va dejando mensajes con el mismo significado como en el de este evangelio. En la última cena, antes de partir el pan y bendecirlo, Jesús culmina con un acto este mensaje de servicio a los demás, lava los pies de sus discípulos como un esclavo. Esto nos muestra a un dios cercano, un dios que se hace hombre no para ser déspota sino para mostrar el camino del amor hacia los demás, el de la entrega y sencillez. En definitiva, busquemos ese don de la servicialidad y entreguémonos sin querer recibir algo por ello.

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