Reflexión Dominical: Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario

 

Por Pablo Moreno Gómez 
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (10,17-30):
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»
Palabra del Señor

¿Qué hay en mi corazón?, o mejor ¿de qué cosas lleno mi corazón? Estas preguntas me venían al contemplar el Evangelio que hoy la Iglesia proclama. El joven rico u hombre rico, pues no está del todo claro la edad de aquel varón, es un pasaje bíblico muy conocidos por todos los que, con frecuencia, solemos ir a Misa, casi nos lo sabemos de memoria, pero ¿alguna vez nos hemos parada a contemplar lo que Jesús nos dice?
Aquel muchacho se acerca a Jesús de Nazaret con la esperanza de poder seguirle, con la convicción de que por su buen obrar, el Nazareno iba a aceptarle en su grupo de discípulos, pero se lleva el chasco de que esto no ocurre como él esperaba. El Señor no lo acoge como discípulo, no deja que le siga, pero ¿por qué? Si cumple todos los mandamientos, sigue la ley al pie de la letra, no se salta ninguno de los preceptos, es alguien ejemplar; pero nuestro Señor que sabe mirar en lo más hondo de nuestro corazón, miró en el corazón de ese hombre y vio que estaba lleno de cosas y entre tantas cosas no tenía cabida Dios.
Por eso, mi pregunta de hoy, ¿de qué cosas lleno mi corazón? ¿Soy rico en cosas mundanas, vivo para el mundo y como el mundo quiere? o ¿lleno mi corazón de Dios? Simplemente, llenar el corazón del hombre de Dios y no de cosas. Saber poner a Dios lo primero, ante todas las cosas, incluso al dinero, incluso al placer, incluso a mis padres y mis hijos. Porque solo de esta manera aprenderemos a vivir con lo necesario, aprenderemos a vivir con lo que Dios disponga para nosotros. 
Hermanos, no nos dejemos engañar y nos creamos que por ser mendigos y no tener nada entraremos en el Reino de Dios, porque si soy pobre, pero mi corazón está lleno de cosas no me sirve de nada. La cuestión es aprender a vivir con lo necesario, que no es otra cosa sino con lo que Dios nos da cada día y lo que Dios me da compartirlo con el otro, tú de lo mío y yo de lo tuyo, porque solo así será nuestro el Reino de los Cielos.
Muy feliz domingo a todos.


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